Alonso

pasilloreja1

 

(1er premio del IV certamen de microrrelatos de San Fernando)

En un lugar de la mancha, de cuyo nombre quiere, pero no puede acordarse, se despertó. Abrió los ojos y apenas podía moverse. ¿Qué hacía allí? ¿Por qué le dolía todo el cuerpo? Y lo peor de todo… ¿Quién era él? Aturdido, sucio y dolorido, se levantó como pudo. A sus pies, una lanza destrozada. En el horizonte, molinos. “¡Ayuda, por favor!” Gritó. “¡Que alguien me ayude!”. De pronto, una luz en su vacía cabeza. Alonso. “¡Me llamo Alonso, Alonso Quijano!”. Se escuchaban pasos ajetreados. Un traqueteo metálico se acercaba, y eso lo volvía… loco. “Alberto, cálmese”, dijo uno de los enfermeros con voz tranquilizadora mientras lo sentaba en la camilla. Otro recogía su bastón oscuro, destrozado, del suelo blanco de su habitación. “Alonso, Alonso” gritaba Alberto por los pasillos de aquel edificio. En un lugar de la mancha, Alberto se convirtió en Alonso, sin poder hacer absolutamente nada.

 

KINI

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