Análisis del videojuego «A Plague tale: Innocence»

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Hace unas semanas, un título irrumpió con fuerza en el mercado del videojuego, haciéndose hueco entre los triple A con todo merecimiento. El tapado del que os estoy hablando lleva por título A Plague Tale: Innocence y ha sido desarrollado por el estudio francés Asobo. Estamos ante una interesante aventura que fusiona los rompecabezas con la infiltración y el sigilo dentro de un marco histórico que lo ubica en la Francia medieval. A mediados del siglo XIV, Amicia y su hermano pequeño Hugo se encuentran de sopetón en el ojo del huracán, perseguidos sin descanso por la Inquisición y asolados, al igual que el resto del pueblo, por un brote de peste bubónica que miles y miles de ratas enarbolan con la funesta presteza de las peores epidemias.

A nivel artístico, A Plague Tale, es una verdadera obra de arte. No se me ocurre ninguna otra frase que pueda describirlo de manera más apropiada. A veces, el propio juego nos pide que caminemos a paso lento, siempre de la mano del pequeño Hugo, por el mero hecho de poder deleitarnos con los maravillosos escenarios: bosques, pueblos medievales, abadías y catedrales, cuevas subterráneas… El uso de la iluminación llega a ser sobrecogedor, así como la banda sonora y el doblaje -aunque por desgracia, el audio no está en castellano-. Todo está medido al detalle, dándonos siempre la sensación de que tenemos una libertad de movimientos por los vastos escenarios que, en realidad, no es tal. Hay caminos prefijados, pero Asobo ha logrado esconderlos con mucha naturalidad para que el jugador no se sienta enclaustrado en una sola ruta. Por lo tanto, en realidad, no es un juego de mundo abierto -o sandbox- al uso. De hecho, la duración ajustada de la que hace gala, siete u ocho horas, está muy lejos de la mortelada de tiempo que suelen ofertar los sandbox de hoy día.

Y aquí reside, precisamente, el punto más atractivo del juego, puesto que os aseguro que cada pieza de su aparentemente exiguo contenido está colocada con sentido, saliéndose totalmente de la tendencia actual de juegos similares en los que muchas veces se estira la duración de manera artificial, a base de misiones repetitivas e insípidas. Oigan, señores desarrolladores, piensen que muchos jugadores no tenemos apenas tiempo para jugar, que nuestro botín de monedas de cinco duros es escaso y las partidas que podemos echar están sometidas por el inclemente reloj que nos chilla con su voz mecánica que al día siguiente hay que madrugar. Por ello doy gracias a los franceses de Asobo, que me han asegurado que cada segundo invertido en A Plague Tale vale su peso en oro, narrando su argumento de forma contundente y sin dejar que nos aburramos ni desenganchemos en ningún momento.

Lo dicho: un título con el que pocos contaban a principios de año y que ha llegado para hacerse un hueco en el corazón de los jugadores que buscan aventura, puzles, una buena historia. Cada segundo de cuantos transcurren en el juego cuenta, y eso es una gran noticia.

Jesús Relinque

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