Barrer

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La primera vez que supe de Enrique me encontraba sentado en un bar de la ciudad de Ayacucho, esperando a un tipo con el que iba a hacer unos negocios. En esa época vendía y compraba lo que sea, no importaba el producto ni a donde tuviera que viajar. Recuerdo que agarré el diario, estaba aburrido. En una de las últimas paginas, en un recuadro chico, aparecía la foto de un hombre con el torso y la cara llena de pelos. Según la nota, Enrique Gómez tenía el cuerpo cubierto de pelos en un noventa y seis por ciento y cobraba cinco soles a los turistas que quisieran conocerlo. No sé por qué, pero me pareció algo impresionante, sin contar con la parte lucrativa. Cuando cerré trato con el empresario, le pregunté si no sabía donde vivía “el hombre lobo” como decía en la nota. «Claro, todos lo conocemos. El desgraciado es muy feo.»

Enrique vivía con su madre en una casa muy precaria. La mujer era bastante viejita, pero normal, sin pelos en la cara y brazos. Cuando le di los cinco soles, le pregunté si tenía que esperar, me respondió que no. Este tipo no aprovecha su condición, había pensado, si lograba llevarlo a Buenos Aires podría ganar buena guita. La viejita me llevó hasta una pequeña y despintada habitación, corrió la cortina que hacía de puerta y ahí lo vi. Al principio sentí asco, parecía un mono más que un lobo, sin embargo detrás de todo ese pelo sus ojos eran los de un niño. Conversé con él por una media hora, aprovechando que nadie más pagaba para conocerlo. Después de hablar de temas que no me importaban mucho, le insinué mi intención, le dije que ganaríamos mucha plata, que podría encontrar a más personas como él. Si bien todo eso eran puros chamuyos, me dijo que lo iba a pensar. Al otro día volví ya decidido a hacer un trato, me costó convencerlo, pero terminó aceptando, aunque había una condición; su madre tendría que viajar con él. «Ningún problema», le había contestado.

Después todo se dio como le había prometido. Tuve muchísima suerte. Había logrado dar con ocho “fenómenos” más. Éramos como una familia, bastante extravagante, pero muy unidos. Por años las cosas siguieron bien, tanto que dejé un poco de lado mis otros negocios. De vez en cuando alguno que otro se enfermaba. Recuerdo cuando tuvimos que llevar a Malena “tronco”, la mujer sin piernas, al odontólogo por una muela podrida. Sin embargo cuando la madre de Enrique murió, él no lo pudo superar. Tratamos de ayudarlo, fue en vano. No obstante, los problemas siguieron llegando. Noté que mi amigo estaba comenzado a perder el pelo, al principio no le dije nada. Pensé que tal vez era una etapa como el cambio de pelaje de los gatos, pero no. Lo llevé al médico, le hicieron estudios. El problema era el estrés. Llamé a una curandera así le diera unas pócimas; no funcionaron. En menos de un mes perdió tanto pelo que tuve que cancelar su show y a las semanas de la cancelación pasó de ser “el hombre lobo” a un tipo súper blanco que se les notaban muchísimo las venas por todo el cuerpo.

En varias ocasiones me dijo que entendía si lo despedía, pero gracias a él “El circo de las excentricidades” había comenzado. Le dije que podría hacer otras tareas. Le propuse limpiar la carpa donde montábamos el show. Enrique no tuvo problema, eso sí, siempre que realizaba la tarea usaba un canguro, tenía la piel tan blanca que no quería que los demás lo vieran. Aunque eso fue inevitable, porque a veces, como todo, algunas cosas salían mal y él tenía que ponerse a limpiar, a veces sin canguro y los espectadores me preguntaban quien era el “hombre de las venas”. Le propuse acondicionarle un lugar así pudiera ser un “fenómeno otra vez”; lo rechazó. «Esto de limpiar me gusta, me relaja. Siento que estoy barriendo las desgracias, señor», me había respondido. La sorpresa llegó cuando a las semanas noté que los pelos de Enrique comenzaron a crecerle. A los meses ya estaba volviendo a ser “el hombre lobo” que había conocido en Perú.

 

Rodfer Gutt

 

 

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Un comentario sobre “Barrer

  • el 25 septiembre, 2017 a las 7:53 pm
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    Enhorabuena por la ambientación. Me recuerda a la película Freaks de los años 30. En español la tradujeron como “La parada de los monstruos”. Gracias por compartirlo.

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