Calentando el alma

Soy poeta y uso heterónimos. Cuando estoy con uno de ellos necesito tomar vino para poder escribir. Me acerco la copa a los labios y dejo que su influjo se pegue a mi interior calentando las vísceras y subiendo a la cabeza despacio, como disimulando. Es justo ahí cuando salen de mí las mejores letras, las letras entonadas con sus mejores artes. Soy poeta y quisiera aclarar que esto ocurre cuando uso uno sólo de mis heterónimos, sólo uno. No vaya a ser que se me acuse de plagio, de adicción, de hedonismo, en fin: de poeta maldito. Pero a ver, vamos, es necesario reconocer que el vino calienta el alma, suelta la lengua. Excarcela la poesía que mantenemos encerrada en el cotidiano suceder.

 

Perla Hardoy

 

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