Cine de terror para pensar: The Babadook

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Generalmente, cuando nos decidimos a ver una película de terror, como público podemos dividirnos en dos partes: los que quieren pasar un buen rato con sustos sin preocuparse de la historia de fondo, es decir, «asústame lo que puedas lo mejor que puedas» y el segundo segmento —en el cual me identifico—, además de recibir la consabida dosis de adrenalina, esperamos ver una gran historia detrás de los espantajos, la sangre y el terror mismo; películas que se salen de lo habitual y nos llevan de la mano de las situaciones, actuaciones y ambiente, e incluso la música.

Soy un gran seguidor del género de terror desde pequeño y he sido parte de fenómenos que han envuelto a generaciones con un marketing inteligente y efectivo y dirigido a las masas. El proyecto de la bruja de Blair es un excelente ejemplo. En 1999, cuando internet apenas despegaba a todos los niveles de la sociedad, era fácil crear mitos urbanos con cintas de terror «encontradas» en el bosque, personas que se creían perdidas y asesinadas a manos de un ente que no podíamos ver. La técnica usada en la cinta de Eduardo Sánchez sería copiada, recreada y homenajeada infinitas veces en lo que hoy conocemos como creepypastas (como la historia de Slenderman) y filmes posteriores, como Actividad paranormal y La cuarta fase. Tal fue la atmósfera que se creó con la bruja de Blair que se hacían excursiones masivas al pueblecito de Burkittsville en Maryland, lugar donde se filmó la película; gran parte de la gente se creía que el footage era real y querían conocer la historia de primera mano y ser parte de aquellos sucesos «extraños» aunados al imaginario popular de ese lugar de Estados Unidos.

El proyecto de la bruja de Blair es una de las cintas más aterradoras y efectivas de los últimos tiempos. Mucha gente está en desacuerdo (de ambos segmentos del público que he mencionado), pero es así. La técnica de película encontrada es llevada con tanto acierto desde el primer momento que no necesita complicados artificios de ambiente, música, tampoco actuaciones. Simplemente parece que estamos viendo un video obsceno que nos ha prestado un amigo, y a ese amigo se lo ha pasado su tío guardabosques, que lo ha encontrado en una mochila vieja en las profundidades del bosque. Esto le daba un sentido de realidad que nos ponía los pelos de punta. Soy de la opinión de que, en ocasiones muy especiales, es mejor imaginarse al monstruo que verlo de frente, y Eduardo Sánchez lo logró con toda una generación de jóvenes que presenciaron en los cines y en sus casas un terror psicológico que pocas veces funciona. Nosotros tenemos que crear y recrear forzosamente al monstruo en nuestra mente, e imaginarnos el trasfondo de la historia y actuar de la bruja. Y en cuestión monetaria, superó con creces a Tobe Hooper con sus 60.000 dólares de presupuesto contra los 248 millones de dólares de su recaudación mundial. Creo que no he visto fenómeno parecido repetirse hasta ahora.

The Babadook (2014) es un caso parecido en el asunto de hacer nuestra parte como público receptor; por eso las opiniones de la gente también están consecuentemente divididas, mucho menos que la bruja de Blair, ya que esta película australiana presenta un armado sensorial milimétrico, una atmósfera y actuaciones sobresalientes de Essie Davis y Noah Wiseman, una madre e hijo con una relación particular que nos engancha y abruma desde la primera escena. La madre ha perdido a su esposo en un accidente la misma noche que nació su hijo, y esa conexión es llevada a sus últimas consecuencias a través de un monstruo llamado Mr. Babadook, un ente parecido al Coco o Boogeyman anglosajón, que aparece en uno de los tantos cuentos infantiles desperdigados por la casa y de los que el niño es ávido lector. La madre está deprimida en todos los aspectos, su trabajo en un geriátrico es desgastante y las relaciones familiares se complican a cada momento; todo eso sumado al cuidado del hijo que parece sufrir trastornos psicológicos severos. Esto se refleja con y sin palabras en una magistral actuación de los dos: la mujer está hecha polvo y el niño es un perfecto canal para que el monstruo consiga entrar en la casa.

Mientras el tiempo pasa, los sucesos extraños se intensifican sobre todo en las noches (aunque hay un par de escenas claves muy buenas a plena luz del día) y Mr. Babadook quiere apoderarse de la casa a toda costa, y cómo no, apoderarse de la madre y el hijo que no viven sus mejores momentos entre ellos, plantando buenos sustos y una sensación de angustia permanente dentro y fuera de la casa, aunado al cansancio crónico de los protagonistas.

No quiero desvelar mucho más, pero el asunto del origen de este tipo de ghoul que aparece en el libro infantil, con juegos de palabras, acertijos e ilustraciones intimidantes, es una de las mejores ideas concebidas por su directora y guionista, Jennifer Kent. Sin duda se agradece este tipo de películas en un mundo donde es raro que nos activen la imaginación propia y nos conduzcan a pensar el porqué de las cosas.

Solo dejo una de las preguntas que me hice mientras veía la película (haciendo mi parte como público): ¿por qué existe un libro infantil así en esa casa? Al final, la respuesta mostrará toda la magnificencia de la película.

 

 

Mauro Barea

*Si tienen oportunidad de verla, agradecería sus conclusiones comentadas aquí, querido público.

 

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