Circe

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Fijé un rumbo al azar,
de entre las líneas desdibujadas
de un viejo mapa.

Me despojé de brújula y sextante.

Trabé la pala del timón
y desembarqué a timonel y vigía.

Icé el velamen,
huí de las corrientes
y vendé mis ojos al resplandor
de la estrella polar.

Realicé todo lo humanamente posible
para evitar la tentación
de dirigirme a tus costas;
mas todo es poco
para los macabros comediantes
que nos observan
desde las alturas.

Y así, una vez más,
me vi arribando
a la orilla del maníaco desenfreno
que me convierte
en la mansa bestia que adula
la Circe que te posee.

 

Manuel Ramos Sosa

 

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