Concurso de humildad

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Dicen los sabios que la humildad es el don más valioso, y yo siempre me he tomado esto muy a pecho. Humildemente me presenté a Iberia Tiene Talento; pensé que mi voz se merecía una oportunidad porque a mi mujer le alegraba mucho oírme cantar en la ducha y mi hijo sonreía cuando le susurraba coplillas al oído. Además, yo era feliz cantando, aunque fuera para los ladrillos y el humo del cigarro. Por estas razones me presenté al concurso, con humildad aunque confiado. Pero cuando me subí al escenario descubrí que lo que a mi mujer, a mi hijo y a mí mismo nos alegraba tanto, a los Sabios les provocaba grima. Y eso no fue lo peor: La gente del público se empezó a reír de mí como lo harían de un idiota. El decreto final fue “No apto”, y con la misma humildad con la que me había subido a aquel escenario decidí bajarme de él y no volver a cantar en lo que me quedaba de vida.

Mis paellas eran la delicia de mi familia, eso sin mencionar mi pote con bacalao o el conejo al ajillo que solía cocinar los domingos. A veces invitaba a los vecinos y después de la comida se iban tan contentos. Con este bagaje y lleno de humildad me fui a Maestro Cocinero y a la primera de cambio los Sabios me dijeron que mis platos no valían una mierda. Acaté humildemente su decisión y nunca más volví a cocinar.

Cierto día estaba en mi jardín viendo a mi hijo corretear por el césped y a mi mujer leyendo tan a gusto sentada bajo la sombrita de mis cerezos. Entonces me dije: ¿Por qué no presentarme a un concurso de jardinería? Y allá que fui, con toda mi humildad claro, pero los Sabios de El Mejor Jardinero decidieron que yo carecía de toda sensibilidad para el arte de la jardinería. Al volver a casa levanté el césped y talé el cerezo.

Y así, de humildad en humildad, acatando sin rechistar las decisiones de los Sabios, me presenté a otros concursos y salí escaldado de todos ellos, hasta que decidí jugármelo todo a la carta de la escritura. ¡Cuánto habrán disfrutado mi niño con mis cuentos y mi mujer con mis poemas! Seleccioné mis mejores escritos y los envié a un concurso literario, pero esta vez los Sabios ni se molestaron en responderme. Sobra decir que después de aquello no volví a escribir.

Después de este largo periplo ya no hago prácticamente nada porque he aceptado con humildad que para nada sirvo. ¡Quién fuera sabio! Mi mujer acabó por pedirme el divorcio y el juez, otro Sabio, decidió darle a ella la custodia del niño alegando que yo no era apto para criarle. También acepté esta decisión con humildad. Ahora que me han echado del trabajo y me paso los días viendo concursos en la tele, me pregunto cuando harán uno de humildad. A ese, si me presento, seguro que gano.

 

 Mariano Moral Pascual

 

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Un comentario sobre “Concurso de humildad

  • el 16 agosto, 2017 a las 10:06 am
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    Humildemente, una ignorante, novel en muchas cosas, sabia en nada, que ha disfrutado con la letras de este adicto a los concursos que debería, en mi humilde opinión, volver a plantar el cerezo, cocinar ese conejo al ajillo y cantarle a la vida cuando le saliera y donde le saliera porque tiene humildad de sobra. Un saludo

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