De padres a abuelos, o lo que hay que aguantarle a la familia

Hoy os vengo a hablar de dos películas muy divertidas, entrañables y, por qué no decirlo, navideñas, que a pesar de ello disfrutaréis en cualquier época del año, sobre todo si os gustan los filmes familiares con ese puntito emotivo que hace que nos piquen un poquillo los lagrimales.

La primera de ellas, estrenada en 2015, es Padres por desigual, donde Mark Wahlberg y Will Ferrell se enfrentan para lograr el cariño de sus hijos. Son biológicos de Mark, pero conviven con Will, el nuevo marido de la madre. El primero es un tipo duro que los intenta comprar con regalos y con caprichos que el segundo no se puede permitir; este, sin embargo, intenta inculcarle valores de los que el primero carece. Muy pronto se darán cuenta de que los niños no son una competición y de que, pese a ser pequeños, tienen un amor tan grande que alcanza para los dos.

En la secuela, estrenada dos años más tarde, y titulada Dos padres por desigual, entran en batalla los dos abuelos paternos, interpretados por Mel Gibson y  John Lithgow, que llegan para complicar de nuevo una situación que ya estaba bajo control.

Como he dicho al principio, ambas resultan muy divertidas, familiares y entrañables, sobre todo por el mensaje tan bonito que dejan, que no es otro que la familia es la familia, lleve o no la misma sangre. Tiene escenas bastante surrealistas, pero nada que se aleje demasiado de este tipo de pelis. Os sacará más de una carcajada, eso lo tenéis garantizado.

El reparto es bueno, eso tampoco se puede negar. A pesar de que Mark Wahlberg no es santo de mi devoción, nunca lo ha sido y nunca lo será, no discutiré que al final se le coge cariño a su personaje. Will Ferrell es otro cantar, pues desde el principio me generó una gran simpatía que me duró las dos películas. Quiero hacer una mención especial a John Cena, que sí que me gusta bastante (fui una niña/adolescente WWE), y que pese a ser un tipo grande y de facciones duras, al final resulta ser el más dulce de todos, regalándonos una tierna escena en la que dan ganas de cogerlo, abrazarlo y cantarle el dulce gatito hasta que se duerma.

En definitiva, si os gustan las comedias familiares divertidas y bonitas, no podéis dejar pasar estos dos largometrajes que, al menos, os procurarán una tarde de domingo muy amena y entretenida. Ideales para ver en pareja o familia, pues son perfectas para todos los públicos.

Lo mejor: el elenco. Lo tiernas que acaban resultando.

Lo peor: tampoco tienen nada nuevo.

 

Chicasombra

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