Desde dentro

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“Hiere la espina del corazón hambriento que guarda su esencia en un frasco de silencio”.

 

Acurrucada en una esquina de su habitación, llora un secreto que no puede airear. Una carga demasiado grande que la asfixia y la deja sin fuerzas.

Sentada y con el rostro entre sus rodillas, busca la fría caricia de las paredes como único consuelo. Cierra los ojos, suspira y busca en su interior una excusa para no quitarse la vida.

La gustaría proclamar a todo el mundo que lo ama. Le gustaría besarlo en público sin que a nadie molestase. Pero a nadie parece importarle lo que ella quiera. Sus padres aún la siguen viendo como una niña, pero su cuerpo hace tiempo que ya floreció como mujer. Nunca han consentido su relación. No quieren que su hija se enamore de un invidente. Argumentan que él es ciego y ella tonta.

Abre los ojos y se incorpora para mirarse en un espejo. Se observa detenidamente. Ella no se ve tan distinta de las demás, salvo por unos ojos rasgados y el cuello más corto. Con la mano se coloca un mechón de su frente por detrás de la oreja y se acerca al cristal para dejar marcado en él, la huella de un beso. El contacto la estremece y recuerda esos otros besos llenos de calor y sentimiento que le regalaba a escondidas su amado. Siempre huyendo de las inquinas miradas y las lenguas viperinas. No, ella no se considera diferente. Son el resto de las personas las que la consideran diferente. A su amado nunca le importó que ella tuviera un cromosoma de más y a ella nunca le importó que su amado fuera ciego. Él la veía con sus manos y ella sentía como se la erizaba la piel con el contacto suave de las yemas de sus dedos. Con él descubrió la pasión y el deseo, en esta misma habitación y sobre su lecho. Aprovechaban la ausencia de sus padres para consumar su amor, hasta que un día les descubrieron dentro. Su padre montó en cólera y le prohibió volver a verlo.

Se levanta la camisa y se acaricia en círculos la barriga.

Lleva tres meses encerrada en casa y si por ella fuera se quitaría la vida. Pero lleva otra vida dentro.

 

Manuel Ramos Vipe

 

 

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