El cofre

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En una exploración de rutina, un soldado del ejército de Cabral se metió en la choza más pequeña de la aldea. Era una choza abandonada, con paredes y techo de paja. Como demoraba en salir, sus compañeros se asomaron a ver qué pasaba.

—¡Aquí no hay nadie, capitán! —gritaron asombrados.

La choza fue desmontada por completo, palmo a palmo, pero solo hallaron un cofre de madera cinchado con tiras de metal. La tapa era combada, como las que se ven en Toledo. Lo abrieron. Adentro encontraron una pequeña libreta roja. Cabral en persona la hojeó y leyó para todos. En la última página decía: “Sigo preocupado por mis compañeros. Es como si se los hubiera tragado la tierra”.

 

Juan Ángel Cabaleiro

 

 

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