El estornudo de antes de dormir

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Te quiero igual que estornudo,

sin poder evitarlo y con más ganas en invierno.

 

Caliento mi lengua en tu saliva

como lo hago con la leche en el microondas,

sin conseguir regular la temperatura,

con un grito de auxilio en la garganta,

para después echarte de menos igual que bebo,

siempre en exceso y casi por vicio.

Del mismo modo en que lloro

te codicio entre mis piernas,

teñida de humedad irreversible,

arañándole las costuras a la necesidad.

 

Que sería de mí si no fuera porque

tal y como me lavo los dientes te olvido,

varias veces al día y sólo por higiene.

 

Amaia Barrena García

 

 

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