El hombre que leía

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Los ojos del hombre que leía llegaron a la anteúltima página del libro. Algo se inquietó en su interior, el gran momento del final se avecinaba. ¿Cómo haría el autor para resolver el entramado argumental en los pocos renglones que restaban? El protagonista de la historia había dejado una maraña de cabos sueltos que ahora se le habían enredado en una trampa mortal. Iba a ser acorralado por sus propias mentiras, engaños y traiciones. El pandemónium, que él mismo había incubado iba a caerle encima en las próximas horas. Era imposible que saliera indemne de la debacle que se avecinaba. El protagonista era consciente de esto. Decidió entonces sincerarse y dejar que las cosas, sin más, sucedan. Ya que no podía dar marcha atrás ni torcer su destino trágico, iba a disfrutar de la calma que antecede la tormenta. Se impuso a sí mismo no pensar más en ello, recordó que tenía un cuento a medio leer, se acomodó en el sillón, cruzó los pies sobre la mesa ratona y se concentró en el texto.

El protagonista llegó al final del relato y cerró el libro. Por unos minutos siguió pensando en el mensaje que el autor le había querido trasmitir con aquella historia entre mágica y existencialista. Su mente aún transitaba un titubeante ánimo de perplejidad y duda cuando una muerte sorpresiva, acaso un infarto masivo, lo fulminó.

Fin

 

El hombre que leía llegó al final del relato y cerró el libro. Por unos minutos siguió pensando en el mensaje que el autor le había querido trasmitir con aquella historia entre mágica y existencialista. Su mente aún transitaba un titubeante ánimo de perplejidad y duda cuando una muerte sorpresiva, acaso un infarto masivo, lo fulminó.

Fin

 

Usted ha llegado al final de este relato. Por unos minutos su mente seguirá pensando en el mensaje que el autor le ha querido trasmitir con esta historia entre mágica y existencialista. Su mente transitará un titubeante ánimo de perplejidad y duda, hasta que de repente, sin previo aviso, llegará su

Fin.

 

Mariano Cognigni

 

 

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