El simple arte de escribir, Raymond Chandler

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Tiro al blanco

Este libro lo conseguí en una mesa de ofertas de la cadena de librerías El Aleph. No había leído nunca a Chandler. Lo conocía como base de las películas de Humprey Bogarth, que encarna magistralmente a su oscuro héroe Philiph Marlowe.

 

El autor

Chandler es uno de los tantos escritores brillantes y borrachos que nos ha legado desde Norteamérica. A veces, y sobre todo en estas cartas, nos recuerda a aquel otro brillante borracho y escritor Charles Bukowsky, por su cinismo y por no respetar nada ni a nadie en sus escritos. Sin embargo, estas no son sus obras, sino sus cartas. Veremos más adelante la diferencia.

Chandler nace en San Francisco, de padres irlandeses y cuáqueros. Es hijo de otro bebedor cuyo nombre no nos importa y de una madre que comenzará un largo periplo hasta recalar en Irlanda. Allí su educación es pagada por un tío suyo que lo envía a buenos colegios ingleses pero, llegada la edad universitaria, se cansa y deja de seguir pagando por su sobrino. Chandler encuentra un trabajo que abandona rápidamente y vuelve a EE.UU. Se encuentra así con una esmerada educación en griego y latín y sin un centavo.

Luego del típico trajinar de quien se busca a sí mismo, en el que se las arregla para pelear en la primera guerra enrolándose en un destacamento canadiense de soldados escoceses (!), Chandler se casa con una mujer divorciada que le lleva diecisiete años, a quien adora. Colabora en diversas revistas de misterio hasta que en 1939 publica su primera novela El sueño eterno, que lo llevará a la fama y a Hollywood, donde hará el dinero grande. En 1954 muere su esposa. En 1955 intenta suicidarse sin éxito y pasa una temporada en un neurosiquiátrico. Finalmente muere en 1959.

 

El libro

Hay que hacer mención, antes de introducirse en El simple arte de escribir, de los otros libros de Raymond Chandler; pues en realidad esta colección de cartas jamás fue pensada por el autor para ser publicada. La prosa de los libros serios de Chandler es un estilo de narración profundamente descriptivo, que busca minuciosamente escenarios, personajes y tramas verídicas, pero normalmente consigue el tipo de melodramas policiales cuyos personajes se convertirán en los típicos estereotipos del detective privado fracasado, la prostituta de la cual éste se enamora y el paisaje de bajo fondo donde todos son malvados.

Normalmente disfruto mucho este subgénero tan visitado de los “libros de cartas” o de correspondencia. Hay verdaderos pasajes clásicos de la literatura en este subgénero, como los son las célebres “Cartas a Theo” de Vincent van Gogh. Lo que leemos en un volumen de cartas tiene una frescura y una espontaneidad que no encontramos en otro tipo de escritos. ¿Son las cartas de Chandler mejores que su prosa destinada a la imprenta? No podría afirmar eso, pero sí son otra cosa. Algo vibrante y rebosante de talento, en tanto que sus novelas parecen constreñidas a decir lo que la trama, los personajes y las situaciones que Chandler se esfuerza por representar le obliga.

Agobiado por un insomnio tenaz que lo acompañó toda la vida, Chandler dedicaba las noches a dictar sus cartas a una grabadora. Grabaciones que luego transcribía su secretaria mexicana en su casa con vista al Pacífico de “La Joya”; una típica postal americana. Esto dejó a sus fanáticos una colección de innumerables cartas: a sus editores, a sus amistades, a otros escritores; en las que normalmente, luego de resuelto el motivo por el cual desea enviar la esquela, se dedica a divagar sobre los más diversos e insólitos temas.

Chandler hace gala así de su aguda inteligencia, de su humor cercano al monólogo y al stand up, de un cinismo cruel que dirige una mirada sin compasión al mundo que lo rodea. De paso y entre el variopinto universo del que habla, nos comunica sus costumbres de escritor, algo muy apreciado por otros escritores que desean ser alguien en el mundo de las letras. Los “escritos para escritores” también son un subgénero muy popular.

Transcribo algunos pasajes memorables; al leerlos es inevitable imaginarse a Chandler a oscuras, reclinado en su sillón, mirando la costa del pacífico constelada de estrellas con un vaso de trago largo en la mano repleto de Bourbon.

 

Sobre la inspiración:

” Lo importante es que haya un espacio de tiempo, digamos cuatro horas al día, en que un escritor profesional no haga nada más que escribir. No tiene que escribir, y si no se siente en condiciones no debería intentarlo. Puede mirar por la ventana o ponerse de cabeza o retorcerse en el piso. Pero no puede hacer ninguna otra cosa positiva, como leer, escribir cartas, mirar revistas o firmar cheques. Escribir o nada. Es el mismo principio que sirve para mantener el orden en una escuela. Si se puede hacer comportar a los alumnos, aprenderán algo sólo para no aburrirse. A mí me funciona. Dos reglas simples: a, no es obligatorio escribir; b, no se puede hacer otra cosa. El resto viene solo.”

Acerca de la publicación de un resumen de uno de sus libros.

“La bastardeada anécdota que aparece bajo mi nombre en Cosmopolitan (que sus ganancias sean las mas grande de la historia) contiene palabras y frases que no escribí, diálogo que no pronunciaría, y lagunas que son comparables a la amnesia en la luna de miel. Es el cadáver de un libro, al que le ha hecho una autopsia un ladrón de cementerios borracho y lo ha vuelto a coser un marinero con delirium tremens.”

El libro está lleno de joyas como estas.

 

Conclusiones

Es uno de esos libros que siempre tengo a mano cuando no tengo nada nuevo que leer. Y siempre que lo releo me saca una sonrisa por lo inteligente y bien escrito. Además, leyendo esa prosa suelta y casi de libre fluir de la conciencia, a uno le entran ganas de ponerse a escribir.

 

Andrés G. Muglia

 

 

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