El sucesor

cola relatos sin contrato

 

—¡Esto no puede ser cierto! Debe de ser una broma…

Siempre se había escuchado que cuando un presidente americano finaliza su mandato al frente de la Casa Blanca, este le pasa a su sucesor el famoso maletín negro de los EEUU. Un maletín que contiene unos documentos altamente secretos, que tratan temas como la verdad sobre quién mató a Kennedy, qué pasó el 11-S, qué se esconde en el Área 51 o cuál es la misteriosa receta del Big Mac.

Después de ver tantas películas uno puede esperarse que ciertamente nuestros vecinos yanquis puedan tener acceso a estos archivos ocultos para el resto de los mortales. Espías supersecretos de la CIA, y otros no tan secretos como los de la NSA, conspiraciones de nivel mundial y hombres de negro con gafas de sol que se codean con seres de inteligencia superior.

Todo esto puede ser más o menos esperado del imperio Coca-Cola.

Pero nunca nadie se habría podido imaginar que en nuestro País existiera un maletín similar.
O incluso de mayor valor.

Eso era impensable.

—Esto… — continuó diciendo el nuevo presidente del gobierno — esto me coge totalmente por sorpresa…

—Igual me pasó a mí — dijo el ex presidente— de la misma manera que me traspasaron este maletín cuando comencé con mi mandato, yo he de hacerlo contigo. A mí ya se me acabó la fiesta y ahora tú eres su heredero. Como ya te he dicho, serás el responsable de que nadie conozca lo que se esconde en su interior… si cae en las manos equivocadas… la catástrofe podría ser Universal.

—¡Pero cómo puede existir algo así! Me has dicho que ese maletín guarda un aparato capaz de parar el tiempo… de congelarlo a mi voluntad. ¡Eso es imposible!

—Amigo mío, con el tiempo te darás cuenta de que ser presidente del gobierno no es tarea sencilla. Esto que tienes ahora en tu poder no es más que una herramienta que facilitará enormemente tu trabajo. Un aparato como este puede ser muy útil si se utiliza con cabeza…

El ex presidente tendió el maletín y lo puso encima del escritorio del nuevo presidente del gobierno. Pareció dedicarle una fugaz mirada melancólica, como si no quisiera desprenderse de aquel mágico aparato. Sin embargo, dio media vuelta y se dirigió con paso decidido hasta a la salida del despacho.

—Ahora todo este País está bajo tu responsabilidad, estoy seguro que con la ayuda de ese maletín serás un buen presidente. Te deseo toda la suerte del mundo frente a la ardua tarea que se te presenta por delante — dijo antes de marcharse.

El nuevo presidente del gobierno se quedó solo  en su despacho, sin saber qué hacer ni qué pensar. En un acto de atrevimiento abrió los broches del maletín y observó con ojos centelleantes lo que guardaba en su interior.

Se trataba de un aparato electrónico, del tamaño de un teléfono móvil,  pero tan simple  que solo tenía un único botón rojo en su parte central.

«Parar el tiempo». Decía

—Esto no es verdad, no puede estar ocurriéndome a mí… — pensóel nuevo presidente — ¿Cómo puede existir algo así? ¿Realmente es el presidente del gobierno el más indicado para tener este poder entre sus manos?  Yo ni siquiera acabé los estudios… Todo esto debe de ser una broma. ¡Claro! Seguro que es costumbre que en los relevos de poder se gaste esta broma… no es posible que exista algo capaz de parar el tiempo…

El presidente del gobierno, convencido de que todo ello era una farsa, pulsó el botón rojo del aparato hasta el fondo.

Se asomó a la ventana del lujoso Palacio de la Moncloa y se dio cuenta de algo verdaderamente acojonante.

Se quedó de una pieza.

Aquella máquina funcionaba realmente.

 

Desde la ventana de su palacio podía ver como los ciudadanos de su País permanecían jodidamente parados.

DANIEL FOPIANI

 

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