Ensayo y acierto

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¿Y cómo es que no me ha llamado usted antes? Pregunta el cerrajero. Mi madre se encoge de hombros.

El primero que se quedó encerrado en el baño fue el abuelo. Salió sin una pierna y sin una oreja. Como es sordo y cojo, no le dimos mucha importancia.

Luego fue la chica que limpia, que salió sin la mitad izquierda del cuerpo. Mi madre se disculpó despachándola a casa con paga doble.

Ahora es el turno de mi padre. Cuando el cerrajero consigue abrir, es tarde. No queda nada de papá allí.

Mamá le paga religiosamente enjugándose dos lágrimas. Una para que la vea el cerrajero, otra para que la vea yo.

 

Patricia Collazo González

 

 

 

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