Entrevista a Estela Baz

5 Minutos de lectura

Fotografía: Atresmedia

 

Después de leer su primera novela, Los niños de Lemóniz, conocí  a Estela Baz en la Feria del Libro de autores gaditanos, organizada por la Librería Plastilina. Coincidir con compañeros de editorial cara a cara siempre da pie a que se inicien charlas constructivas sobre el mundillo editorial, la vida de los libros, el trabajo del escritor. Era domingo. Hacía buen tiempo. No tardamos en pedirnos un par de cervezas en uno de los chiringuitos de la playa de Cádiz. Conversamos durante un buen rato sobre estos asuntos:

 

– Eres licenciada en dirección de empresas y marketing y actualmente trabajas en el mundo audiovisual. Hace unos días hablaba con mi agente que el concepto de ocio ha cambiado en los últimos años. Los comienzos del siglo XX fueron muy poderosos para la novela, pasando por la radio hasta el último cuarto, que lo fue para la televisión. El siglo XXI parece ser el de las series. Portales como Netflix y HBO retienen toda la atención de las nuevas generaciones. Ha bajado el consumo de las novelas, el teatro, el cine y hasta de la televisión convencional. Hablando de libros: ¿crees que llegará el momento en el que se deje de leer novelas? ¿Qué futuro le auguras al mundo editorial?

Siempre habrá público para las buenas historias que estén bien contadas, sea cual sea el soporte. Pero el libro, a diferencia de las plataformas de tv, requiere un momento de calma, requiere enfocarse en la historia, es una especie de paréntesis en nuestras vidas tan rápidas y a veces tan marcadas por rígidos cánones. El dedicar un tiempo a uno mismo, buscar un espacio de atención como sabes, no solo es tendencia sino que va a más.

– ¿Lees en papel o digital?

En papel, siempre en papel, necesito tocar las páginas y soy incapaz de leer sin un lápiz. Me gusta anotar, destacar frases, textos o palabras que me llaman la atención, que me enseñan algo o que me llevan a interesarme por otros temas. Y cuando tengo alguna temporada donde no estoy leyendo, me gusta coger los libros de la estantería y releer todo aquello que subrayé en su momento. ¿Soy un poco rara?

– No creo que lo seas. Al menos en exceso. De hecho, conocerte en Cádiz fue un auténtico placer. Fui testigo de cómo algunos gaditanos y gaditanas se acercaban hasta tu stand para que le firmases el ejemplar de Los niños de Lemóniz. ¿Qué tal llevas la acogida de tu novela? ¿Realmente esperabas que fuese a tener tanta repercusión y que tu nombre sonase en la otra punta del país? Creo que ya vas por la tercera o la cuarta edición…

Cuando escribía el libro mi única preocupación era ser rigurosa, cuidadosa y respetuosa. No juzgar, no hacer juicios de valor. Simplemente contar de una manera diferente lo que se vivía de puertas para dentro en muchísimas casas en aquellos años.

La historia habla de personas, familias, hablé con muchas personas en el proceso, tanto del País Vasco como de fuera, esas personas eran lo que más me preocupaba, estaba poniendo palabras y emociones en muchos casos silenciadas hasta la fecha. Si era un homenaje a todas ellas, tenía que escribir desde el corazón y el cariño. No me habría perdonado que ninguna se hubiera sentido mal.

Otra de las cosas que realmente era importante para mi durante la fase de escritura era la veracidad en cuanto a los hechos, está basada en hechos reales, por lo que el contexto histórico tenía que estar muy estudiado y analizado. Por ello pedí al terminar a Raúl López Romo, experto en el tema que lo leyera y también aportara la veracidad desde el punto de vista de historiador un resumen histórico al final del libro.

Por estas dos cosas, en ningún momento pensé en la repercusión que podría o no tener el libro. Mi objetivo principal era dar voz sobre un tema que no debe olvidarse. Más de una vez y antes de que el libro viera la luz me dijeron “no te preocupes por si se vende más o menos, lo importante es que aunque sean diez personas, esas diez lo lean y lo conozcan”.

Por lo tanto nunca me generé expectativas. El estar ya en la cuarta edición, el haber podido ver como ha sido acogida la novela, no me puede llenar de más agradecimiento y gratitud a todas las personas que han sido parte de esta aventura. Solo puedo dar las gracias una y otra vez a los lectores, a la editorial, a los que me han acompañado en todo el proceso, esas personas tan generosas que han confiado en mí para que sea una realidad y también a personas como vosotros que os hacéis eco de esta historia tan importante para muchas personas.

– Has dejado claro en varias ocasiones que Los niños de Lemóniz no es un libro autobiográfico. Aunque tu padre fuese uno de los ingenieros de Lemóniz cuando estaba amenazada por ETA. Cualquiera diría que lo que cuentas en tu novela es una historia muy real, aunque te cueste reconocerlo.

Ángela, su protagonista tiene mucho de mí, no es autobiográfico porque habría sido imposible recoger todos los hechos de tantas personas en tan pocos personajes. Pero sí es un testimonio novelado, donde el padre de Ángela, al igual que el mío, trabajaba en la central de Lemóniz y sufrió las amenazas directas de la banda terrorista. Te diría sin entrar en detalles que el libro es una historia muy real.

Era necesario novelarlo para incluir experiencias en esos seis niños protagonistas, esas seis madres y padres y generar un hilo conductor. No hay nada escrito al azar.

– ¿Has querido con tu novela hacer un reconocimiento a todas las víctimas de ETA y a las familias que vivieron amenazadas o fueron asesinadas?

Este libro es mi forma de rendir homenaje y dar voz a los niños que vivieron el terrorismo de ETA, pero también a esas madres y esas familias que pasaron por situaciones horribles.

Al principio se trataba de un objetivo personal; quería saber de dónde venía, conocer la historia de mi familia y encontrar palabras para llenar aquellas lagunas de silencio. Pero, cuando quise darme cuenta, esto se había convertido en algo mucho más importante. Ya no se trataba solo de mí, sino de la necesidad de dar voz a tanto silencio y mantener la memoria de todas las personas que sufrieron tan terribles situaciones.

– ¿Es una novela escrita desde el dolor? Me imagino que escupir todas esas palabras ha debido de ser algo parecido a un proceso de sanación.

Es un libro escrito desde el cariño, el corazón y el más puro respeto. Como dice Luis del Olmo, «lo que no se cuenta, no existe». Y la realidad es que de los niños que vivieron el terrorismo de ETA no se ha contado nunca nada.

Esta novela ha servido para construir un relato para los que carecían de él. Y ojalá sirva también para generar en los lectores y en la sociedad una reflexión colectiva muy necesaria: ¿Dónde estábamos cuando todo esto ocurría?

Todos estamos en deuda con las víctimas y este libro, además de un viaje personal, ha sido mi forma de rendir homenaje a todas ellas, como comentaba antes.

El mero hecho de verbalizar determinadas cosas, compartirlas y darles visibilidad son herramientas para esa sanación que comentas. Solo espero que sirva para generar la conversación en las mesas y que la gente tome conciencia de un episodio que, lejos de ser silenciado, debe ser recordado por lo que fue.

– En tu novela encontramos mujeres que, a pesar de su juventud, fueron muy valientes. Madres generosas y luchadoras que siempre suelen quedar relegadas a segundo plano. Precisamente, hace poco, publicaba en Zenda un artículo sobre las mujeres militares y escritoras. Dime, ¿qué concepto puedes extraer de todo el movimiento feminista que está tan de moda?¿Es necesario para que la mujer termine ocupando la posición que realmente merece?

Aunque mi libro tiene el foco en los niños, cuando terminé de escribirlo y haciendo la última lectura con mi editor nos dimos cuenta de la importancia de las mujeres en todos y cada uno de los capítulos.

La mayor parte de las víctimas de ETA fueron hombres, pero detrás de ellos había mujeres, familias. Esas mujeres, realmente jóvenes fueron unas auténticas heroínas, y lo siguen siendo a día de hoy.

Mujeres que vivieron en soledad y en el silencio unas situaciones que creo somos incapaces de pensar en pasar por ellas muchos de nosotros hoy en día y en la sociedad en la que estamos.

Es muy importante tratar el concepto del empoderamiento, a nivel global hay que realizar grandes cambios y no sé si soy pesimista pensando que para ello necesitaremos mucho tiempo. Siempre he creído que para avanzar es importante comenzar por nosotras mismas, partiendo de nosotras, poniéndonos en valor y por supuesto acompañadas de los hombres.

En mi vida personal llevo a cabo iniciativas relacionadas con la ayuda que podemos proporcionarnos entre nosotras, como ir creciendo y ganando pequeños terrenos. Son iniciativas personales pero que realmente merecen la pena.

– Pero si hay algo que cobra protagonismo en tu novela son los niños. ¿Crees que una infancia marcada por el terror o la violencia puede repercutir en el resto de la vida?

Creo que todo lo que nos pasa en la vida nos marca, y mucho más unos acontecimientos como estos. Por esto, todo aquello que se pueda hacer para que se mantenga la memoria es poco.

– ¿Para cuándo unas cervezas y un cartucho de pescaito frito?

¿Nos vemos en septiembre? Estaré de nuevo en vuestra tierra. Si me dejáis sería un placer invitaros a esas cervecitas.

– Te tomo la palabra. ¿Y ahora qué? Además de disfrutar de toda la repercusión mediática y social que está teniendo Los niños de Lemóniz, ¿te planteas escribir algo más, aunque sea a largo plazo?

Te voy a decir la verdad. Terminada la novela tenía claro que eso había sido algo que tenía que hacer y que continuaría con mi vida como hasta ahora.

Desde hace unas semanas, viendo lo que se puede aportar a la sociedad con las palabras a pesar el esfuerzo y del trabajo, tal vez me gustaría volver a ser una herramienta de reflexión en el futuro. ¿ideas o proyectos literarios? Todavía ninguno.

 

Entrevista realizada por Daniel Fopiani.

 

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