Entrevista a Rosa Ribas, Un asunto demasiado familiar

Fotografía: Heraldo de Aragón

Con motivo de la aparición de Un asunto demasiado familiar, la nueva novela de Rosa Ribas, hemos charlado con su autora sobre novela negra, sobre la desaparición y la culpa como motivos literarios, y un poco sobre lo divino y lo humano.

 

Un asunto demasiado familiar no es una novela negra pero tiene guiños detectivescos, ¿por qué eligió esta profesión para la familia Hernández?

Fue el resultado de un proceso. En primer lugar estaba el propósito de escribir una novela centrada en una familia, un proyecto que quería llevar adelante hacía tiempo. Mientras le daba vueltas, caí en la cuenta de que uno de los denominadores comunes en las vidas de las familias son los secretos. El sintagma “secretos de familia” (y supongo que también mi predilección por el género negro) me llevaron a la idea de hacerlos detectives para jugar con la paradoja de que ellos, especialistas en desvelar los secretos que otros preferirían mantener ocultos, no conozcan los que se esconden en su propia casa.

 

– Los hombres y las mujeres de esta novela parecen muy diferentes, ¿hay entre ellos una guerra de sexos soterrada?

No. No creo.

 

– ¿Desaparecer puede ser tan fácil, puede ser la solución más sencilla para acabar con lo que a uno no le gusta de la vida?

Es una forma posible de huida, pero no es nada sencilla, aunque lo parezca a primera vista. Como dice uno de los personajes de la novela, uno siempre deja rastros por el simple hecho de existir. 

 

– Y en relación con lo anterior, ¿es la culpa un potente argumento literario?

 Potentísimo. Es uno de los motores de las actuaciones humanas, por lo menos en nuestra civilización. Nos educan en la culpa e invertimos mucho esfuerzo en reparar aquello de lo que nos sentimos culpables.

 

– Quizá sea una de sus novelas más psicológicas hasta ahora, ¿ha disfrutado más entrando en las mentes de los Hernández Obiols que con sus tramas negras?

Siempre me he considerado más autora de personajes que de tramas. Las tramas, si lo pensamos bien, son mucho más fáciles de construir que los personajes complejos.

A las personas nos interesan las personas. Si consigues la ilusión de que tus personajes se conviertan en personas para los lectores, les interesará lo que hagan y lo que les suceda. Si no es así, incluso la trama más elaborada, sin buenos personajes implicados en ella no dejará de ser una sucesión de acciones que acabará dejando al lector indiferente.

Y sí, he disfrutado mucho metiéndome en las cabezas de los Hernández Obiols, aunque en la mente de Lola no me he atrevido a entrar.

 

– ¿Volveremos a leer a la Rosa Ribas negrocriminal?

 Claro. Aunque ahora estoy inmersa en la continuación de la saga de la familia Hernández.

 

– ¿Por qué se decidió a situar a la familia en un barrio concreto, y más bien pequeño, de Barcelona? Sorprende un poco teniendo en cuenta el trabajo que realizan.

Me atraía la idea de que se tratase de un barrio de Barcelona, Sant Andreu, que conserva muchos rasgos del pueblo que fue antes de pasar a ser parte de la ciudad, porque me ofrecía un escenario claramente delimitado, un lugar donde la gente se conoce, donde las estructuras sociales son más estrechas que en la gran urbe dentro de la cual está englobado y, a la vez, estamos hablando de Barcelona, con todo su potencial. Se trata, sin embargo, de una Barcelona mucho menos conocida, alejada de las rutas turísticas o de los bajos fondos habituales en las novelas negras.

Quería una agencia de detectives de barrio, nada de glamour, tampoco el glamour de perdedores, ya algo trasnochado e impostado, de muchos detectives actuales imitadores de Marlowe o Spade. Los Hernández se ocupan de casos de infidelidades, desapariciones, falsas bajas laborales, adolescentes huidos, peritajes de los seguros… Trabajos de detectives que los llevan a conocer lo mejor y lo peor de la gente. Para eso no hay que salir del barrio.

 

– En la novela se juega mucho con la información, ¿es tan cierto eso de que su posesión supone poder?

Sobre todo cuando se trata de informaciones que otros preferirían mantener escondidas. Mateo Hernández, el padre y director de la agencia, lo sabe muy bien. Por eso recorre el barrio recopilado informaciones que en un primer momento pueden parecer inanes, pero que, sumadas a otras, ganan en valor. Él mismo comprueba lo que esto significa cuando se ve obligado a tomar un caso porque hay alguien que sabe cosas de su pasado que incluso la mayor parte de su familia ignora.

 

– ¿Qué percepción de la novela le ha llegado a través de los lectores, y qué le han dicho especialmente los lectores de novela negra?

 Estoy muy contenta con la recepción de la obra, con el hecho de que los comentarios apunten a temas muy diversos presentes en la novela: hay lectores que se centran más en las relaciones familiares, otros en la psicología, sobre todo en la enfermedad de Lola, otros destacan aspectos sociales… Lo me muestra que es una novela con capas e interpretaciones diferentes, uno de los objetivos al escribirla.

Y hay una lectura en clave de novela negra que deriva no solo de que los protagonistas sean detectives. Los lectores de novela negra me parece que observan que lo más negro –más que los casos que investigan los detectives– es lo que pasa en la familia.

 

– ¿Qué le ha supuesto su paso a una editorial como Tusquets?

 Llegar a casa.

 

– ¿Dónde se siente más valorada, en Alemania o en España? ¿Hay mucha diferencia entre los lectores de ambos países?

 Es diferente porque en Alemania solo se han traducido mis novelas negras, por lo que solo me conocen por esta faceta. Es difícil decir de un modo general en qué se diferencian los lectores en ambos países. Lo que sí he notado cuando he participado en presentaciones o lecturas es que los lectores alemanes tienden a una crítica más directa.

 

– Y en el panorama editorial de ambos, ¿qué diferencias sustanciales hay?

El mercado editorial alemán, aunque esté sufriendo la perdida de lectores general, es muy potente. Los índices de lectura son más altos y hay un dominio de la literatura de género negropolicial desde hace años. Si no recuerdo mal, de cada diez novelas que se publican, entre tres y cuatro son de este género. La asociación alemana de escritores de novela negra cuenta con más de 800 asociados y no todos están en ella.

 

– ¿Qué tiene entre manos ahora Rosa Ribas?

 Sigo con la familia Hernández. Cuando estaba escribiendo Un asunto demasiado familiar me pasó lo que me sucede tantas veces, que me enamoré de mis personajes. Me cuesta mucho separarme de ellos. Por suerte, los Hernández guardan todavía muchos secretos.

 

– Venda su novela, ¿qué le podemos decir sobre ella a un lector para que acerque a leerla?

  ¡Ay! Soy fatal haciendo estas cosas. Écheme una manita.

 

– Esta sección lleva un título emblemático y eso casi nos obliga a cerrar la entrevista con una pregunta también emblemática: ¿de qué material están forjados los sueños de Rosa Ribas?

De un material secreto.

Antonio Parra

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