Entrevistando a Sicalipsis

Viene a vernos Sicalipsis, una bella dama que nos contará sus secretos en esta interesante entrevista. Sin más tentáculos, iniciemos la velada.

—Buenas noches, Sicalipsis. Bienvenida al espacio Entrevistando a las palabras.

—¿Cómo está usted?

—A simple vista, señorita Sicalipsis, me aventuraría a relacionarla con alguna rama de la ciencia. Una extraña dolencia, quizá, o el nombre de un procedimiento médico en desuso.

—Oh, en absoluto. Seguramente usted se refiere al prefijo psico-, del griego antiguo, psykhe, como en psicología o psiquiatría. Hoy en día los majaderos miembros de la RAE aceptan estas palabras sin la p inicial, pero bajo ningún concepto deben confundirse conmigo. A lo sumo podría parecer una derivación del término sykon, también griego, que significa higo.

—¡Caramba! Qué desencaminada iba. Pero… ¿higo? Ésa es una pista muy difícil de seguir. No se me ocurre nada para tratar de adivinar su significado.

—Verá: mi forma, sicalipsis, es una presunta composición de dos términos: sykon: higo, como le decía; y aleipsis: frotar.

—Osea, literalmente es usted una… ¿frotación de higo?

—Correcto. [Risas]. Aunque recalco que esta etimología es sólo una presunción. Los gramáticos de mi época, ansiosos por etiquetarme y por atribuirme un sentido, se la sacaron del bolsillo a toda prisa; como suele ocurrir, sin pararse a pensar demasiado.

—Entonces, el higo del que hablamos…

—No. No se refiere a la fruta, señorita Evermore. Mi nombre surgió a principios del siglo XX para definir un tipo de publicación literaria de connotaciones eróticas. En concreto fue mi derivación adjetiva, sicalíptica, la que usaron a fin de crear una campaña publicitaria llamativa de la revista Las mujeres galantes.

—¿Fue creada exclusivamente como un neologismo para publicitar aquella revista?

—Podría decirse que sí. Pero las circunstancias de mi origen fueron un tanto peculiares; más por el interés de ocultar sus detalles que por desconocimiento, se prefirió correr un tupido velo y aceptar como oficial la hipótesis de los supuestos entendidos en lingüística, que no podían estar más equivocados. Es cierto que los griegos usaban la palabra higo para referirse a la vulva, pero aleipsis sólo estaba relacionada con la unción de aceite sobre la piel de los atletas, no con otro tipo de frotamientos; así que los tiros no iban por donde ellos querían. La verdad sobre mi creación es que, en un intento de catalogar Las mujeres galantes mientras planeaban su publicación, su editor mencionó la palabra sicalíptica por error, queriendo decir apocalíptica. Fue así que hallaron el eslogan: «Una obra eminentemente sicalíptica», y el 25 de abril de 1902 se publicó el siguiente artículo en el diario El Liberal: «Dentro de poco tiempo se pondrá a la venta una nueva e interesante publicación a 60 céntimos cuaderno, titulada Las mujeres galantes. Esta publicación es altamente sicalíptica. Para conocer la definición de esta palabra, completamente nueva, es preciso adquirir el primer cuaderno de Las mujeres galantes. (…)».

—Ésa fue su presentación en sociedad.

[Risas]. Sí.

—¿Cómo reaccionó el público?

—Los críticos nos miraron con buenos ojos, tanto a la revista como a mí. Gocé de tal repercusión, que se originó todo un movimiento en torno a mi figura; la ola verde, la llamaron, o la ola sicalíptica. Fue el comienzo de una época de esplendor cultural que abarcó manifestaciones artísticas del teatro, la literatura, la fotografía… y contribuyó a perfilar la ideología del siglo XX.

—¿Sería acertado llamarla a usted un género?

—Sí. Un género picante. Como dijo sobre mí el escritor de la revista Portfolio del desnudo, «Sicalíptico es para nosotros y lo será para ustedes de aquí en adelante, todo aquello que significa el punto intermedio entre lo moral artístico y el desenfado sin arte (…).

—¿Cómo describiría al público aficionado a las obras sicalípticas? ¿Librepensadores, bohemios?

—Gente verde. Gente con criterio propio.

—Oh, y hablando de criterio, quisiera saber cuál es el suyo sobre las napolitanas de chocolate.

Moja un bizcochito en mi pocillito, que está calentito y te va a gustar.

»Tú no hagas el tonto, que se enfría pronto y como se enfríe no te va a gustar.

»¡Trae pa acá! ¡Trae pa acá! En tu pocillito mojo el bizcochito, y qué rico está.

»Como es especial este chocolate nunca sienta mal.*

—¡Qué maravilla! Canta usted muy bien, Sicalipsis. Se nota que ha protagonizado numerosas obras de teatro.

—Gracias.

—Ha sido un placer contar esta noche con su presencia. Brindemos por la generación sicalíptica y por la picardía.

—Salud.

* Extracto de El chocolatito. Cuplé de la humorada lírica La gatita blanca.

 

Liss Evermore

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