Érase una vez un profesor de literatura que repartía sueños…

bibliomotocarro1 relatos sin contrato

El amor por la literatura va más allá de lo que pensamos. 

El protagonista de la historia de este mes en nuestro curiosity es Antonio La Cava, maestro jubilado de primaria. En 2011 decidió después de 42 años de enseñanza, promover la lectura y el amor que la unía a ella. Su aventura comenzó  en 2003 cuando adquirió una moto Piaggo Ape, la cual transformó en una pequeña biblioteca con forma de casita que recorría la ciudad en sus tres ruedas, regalando palabras a los niños que más necesitaban de ellas.
 Con unos 1200 libros en su interior La Cava comenzó a viajar cada semana por algunos de los pueblos de la región de Basilicata, al sur de Italia con su “Bibliomotocarro” (tal y como el lo denomina), haciéndoles llegar la literatura a los más jóvenes al sonido de un organillo que anuncia su llegada como si de un motocarro de helados se tratara. Cuando oyen la canción los niños acuden a la biblioteca de Antonio con el entusiasmo de comprar un helado y se encuentran con el mundo tan mágico que creó el maestro.
Esta pequeña biblioteca esta decorada como una casita de cuento, con un techo de tejas rojas y una chimenea, llamando la atención de los más pequeños e incluso de los mayores.
Antonio a su paso va dejando libros prestados a los niños que a su vuelta deberán devolver. Además Antonio ideó un libro en blanco para que los pequeños puedan escribir sus cuentos, sus historias, todo lo que se les pase por la cabeza…
Cuando los niños se acercan al “Bibliomotocarro”  tienen la opción de adquirir un libro para leer o para escribir. Antonio va creando  escritores y lectores desde la infancia, el maestro no pierde su sueño de seguir promoviendo la literatura allá por donde va.
Lo provocado por este hombre no deja indiferente a nadie y su proyecto por fomentar la literatura y la escritura están dando la vuelta al mundo.
En octubre de este año tiene previsto haber recorrido toda la Basilicata con su “Bibliomotocarro” y en un futuro no muy lejano; comprar un minibus para crear una biblioteca aún más grande y recorrer todas las ciudades.
Antonio no es rico, ni se hará rico, es rico en pequeñas obras de artes firmadas por sus niños y no tan niños, a veces más breves que un tweet, pero inmensamente grandes para él.

Sin duda, el amor que siente este profesor por la literatura es amor con mayúsculas.

Una labor de un valor incalculable en estos tiempos que corren.

ALEJANDRA MUÑOZ

 

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