Ficción

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El escritor inicia una ficción extraña. La protagoniza un hombre que, dotado de poderes sobrenaturales, logra crear un dios. Enigmático, lo llama Dios Ciento Ochenta y Tres, porque pretende inducir la idea de que las divinidades pueden proliferar. Con ánimo de simplificar las invocaciones, inventa una nomenclatura y lo codifica con la sigla D183. A medida que el relato avanza, D183 crea un cosmos, planetas, vidas, y como si fuera una consecuencia ineludible, criaturas humanas. De entre todos los hombres de esos mundos selecciona a uno en particular, en un proceso poco meticuloso que no describe, y le confiere una cualidad infrecuente: lo hace escritor. Luego introduce un giro recursivo en la narración. El personaje principal, un mago prodigioso, crea una deidad a la que denomina D184. Consagrado a las actividades divinas habituales, D184 hace surgir de la nada un universo y lo puebla con planetas, vidas y hombres. Provee a uno de ellos con un talento excepcional: la literatura. Este mortal concibe un relato que excita la imaginación, en el cual uno de los pobladores de la Teósfera, mencionado como D185, distingue de entre todos los hombres a uno, a quién le asigna el rol de lector. Cuando el primer párrafo del relato está por concluir, el lector se descubre frente a un texto enredado cuyo título es “Ficción”.

El lector se confunde. ¿Es él el elegido de D185? El título de lo que está leyendo coincide con lo que se narra, pero hay algo que no satisface su convicción. Razona así: el texto que menciona al lector le pertenece al hombre elegido por D184 como escritor en su ficción respectiva. Ese lector es un personaje. No se refiere a mí. Yo soy un lector,  pero en otra esfera. Se tranquiliza.

Sin embargo el lector que tiene el texto con el título “Ficción” ante sus ojos, observa una vez más, ahora con más detenimiento, el encabezado. Lee Ficción. Recapacita.

—Alude a mí, yo soy el lector —se sorprende—, ¿Se trata de una trampa? ¿Un mensaje secreto? ¿Una revelación?

Prosigue la lectura. El texto se vuelve imperativo. Verifique. Razone. No pierda la concentración. Si es necesario, relea desde el principio. Es a usted a quién se le recomienda esto. Usted, el que es yo, quién se percibe yo, en este instante, es quién debe hacerlo, insiste el escrito.

Quien continúa la lectura en este parágrafo es, ¡qué duda cabe!, el lector. No aquel personaje sino una persona real, yo, se lee en el texto del escritor que ha creado a dios D183. Pero yo, que soy el autor de “Ficción”, sostengo que el escritor es el primer personaje del texto.

Es por eso que aquí, dónde la ficción está por concluir, resulta oportuno considerar esta pregunta ¿Es dios D182 quién ha creado este cosmos, este planeta, esta vida, y esta ficción? Quizás usted, tan real o imaginado como yo, pueda desentrañar la respuesta. Tal es la tarea del buen lector.

Que así sea.

Ricardo Plank

 

 

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2 comentarios sobre “Ficción

  • el 27 septiembre, 2017 a las 8:36 pm
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    Gracias amigos de RSC, por haber elegido y publicado mi relato. Un saludo muy cordial desde Santa Fe, Argentina.

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  • el 28 septiembre, 2017 a las 10:58 am
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    Gracias a ti, Ricardo, por confiar en nosotros y enviarnos tus textos.
    Un abrazo.

    Respuesta

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