Kafka y el primer simio literario

3 Minutos de lectura

 

A más de 130 años del nacimiento de uno de los grandes de la literatura universal, quiero dar difusión a una de las obras de este autor praguense que muchos conocemos y leemos desde pequeños. Hoy quedé maravillado al leer el último cuento de la serie que tengo de un librito correspondiente a una edición de 1984 de La metamorfosis y otros relatos, llamado Informe para una academia (Ein Bericht für eine Akademie). El libro incluye, además de La metamorfosis, relatos como Artista del hambre, Artista del trapecio, Médico rural, Once hijos, entre otras historias deprimentes y que denigran la condición humana a niveles escandalosos, una interesante panorámica del mundo de inicios de siglo XX.

Es bien sabido cómo Kafka pone a prueba el pensamiento humano: hasta dónde seríamos capaces de soportar la atrocidad de vernos convertidos en insectos monstruosos y cómo reaccionaría su entorno, los seres queridos y el jefe del trabajo, de ayunar hasta extinguirse el cuerpo, de enumerar hijos con sus defectos y virtudes como si fueran mercancía. Su obra es vasta y ya muchísimas veces comentada, por lo que no me extiendo más en ese aspecto.

Pero este último relato, Informe para una academia, merece la pena un pequeño análisis. Sumergiéndome un poco en internet, con eso de que hay estar seguro antes de escribir en particular sobre algo, me sorprendí al comprobar que Kafka fue el primero en legar a la literatura la premisa de un simio que puede imitar, hablar e incluso pensar como un ser humano. (Y ojo aquí, hablamos de simios pensantes que quieren evolucionar junto con la humanidad o a través de ella, así que dejaremos a Kipling a un lado).

Kafka, como nos demostró en sus otras obras, busca la experimentación, probar a la humanidad a sí misma, y entre ellas nos dejó pensar en esto de tarea: ¿qué pasaría si un simio se obligara a pensar y actuar como humano? ¿Cómo sería su raciocinio, su filosofía, cómo nos vería a nosotros? Cuando esto pasara, ¿nos sumergiríamos a nuestro pasado remoto, antes de que nuestra especie sapiens se reuniera en grupos organizados, se refugiara en cavernas y aprendiera el uso del fuego? Y otra pregunta elemental: ¿nos gustaría eso? Como especie, estamos solos en el universo hasta este día en que la modernidad y la tecnología nos abrazan y nos hacen sentirnos «acompañados» junto con nuestras mascotas fieles y silenciosas, porque en el plano físico y animal no podemos comunicarnos con nadie más en un lenguaje razonable. Ahí también radica el poder del relato en la ficción.

El tema del razonamiento del simio fue llevado mucho más allá décadas después de forma contundente en 1963 por la conocidísima novela La planète des singes de Pierre Boulle, con una franquicia que quedaría para la historia del cine de ficción como  El planeta de los simios, saga de películas icónicas sobre el futuro remoto de la Tierra, incorporando crítica social, filosófica e incluso teológica, armando un verdadero universo «simiesco» que se cuenta en el celuloide como una paradoja del tiempo muy ingeniosa a lo largo de la historia (incluso hoy goza de un remake exitoso).

Hago hincapié en el breve relato de Kafka, porque si queremos encontrar un origen literario a la ambiciosa obra de Boulle y al fantástico universo que nos ofrece un mundo donde el simio domina y el humano es basura e involucionado, pues aquí está el inicio de la aventura; inició en 1917, justo cuando a nuestro escritor le declaraban la tuberculosis que a la postre terminaría con su vida. En el relato, el propio simio autonombrado Pedro el Rojo narra a manera de crónica, una conversación siempre en primera persona dirigida una academia de científicos, doctores que quedan fuera de nuestra visión, ya que Pedro acapara el relato y lo retuerce a medida que avanzamos en él. Cuenta su experiencia de transformación —metamorfosis— de simio a humano, y la razón que le impulsó a hacerlo, lo cual resulta fascinante pues Kafka por primera vez nos adentra en la mente de un homínido que puede procesar su visión propia del mundo, una crítica a los humanos y sus modos de actuar, con las teorías de la Evolución de Darwin relativamente frescas en su tiempo. Nos transporta hacia la involución, un retroceso al progreso del pensamiento, al incorporar la visión de un mono que terminó asimilando humanidad, y no lo hizo solo por afianzarse a la libertad ni porque estuviese gustoso de hacerlo. Era «hallar una salida» a su cautiverio, a las rejas, a la vida tan mala que tenía en un barco y después en un tipo de circo donde le daban un trato que consideraba injusto. Lo consideraba injusto desde antes de aprender a hablar, lo que nos obliga a pensar que Kafka fue dotándolo de lógica y experiencia que se sumaba mientras vivían esos deseos de salir de la jaula.

La forma narrativa es escalofriante, conmovedora, donde podemos encontrar a Kafka en la mente de un primate:

 

“Y aprendí, señores míos. ¡Cuando hay que aprender se aprende; se aprende cuando se trata de encontrar una salida! ¡Se aprende sin piedad! Se vigila uno a sí mismo látigo en mano, fustigándose a la menor vacilación. La naturaleza simiesca salió con furia de mí, se alejó de mí dando volteretas, y por ello mi primer maestro casi se volvió mono y tuvo que abandonar las lecciones para ser internado en un sanatorio. Afortunadamente, pronto salió de allí.

Agoté a muchos maestros. Sí, hasta a varios a la vez. Cuando estuve ya más seguro de mi capacidad, cuando el público siguió mis progresos, cuando mi futuro comenzó a sonreírme, yo mismo elegí mis profesores. Los hice sentar en cinco habitaciones sucesivas y aprendí con todos a la vez, saltando sin interrupción de un cuarto a otro.”

 

Uno de los trabajos de los que no se habla tanto sobre el escritor descendiente del imperio austro-húngaro, pero que sin duda lo convierte en padre de los simios pensantes en la literatura.

 

Mauro Barea

 

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2 comentarios sobre “Kafka y el primer simio literario

  • el 16 agosto, 2017 a las 8:45 pm
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    Una buena visión. Fíjate que hay un cuento de Leopoldo Lugones de 1906 que echaría por tierra la investigación, pero la has salvado bien con decir que son simios pensantes. El simio Yzur de Lugones es forzado a pensar y a diferencia de Pedro el Rojo, es enseñado. Antes de morir consigue hablar, por lo que la inclusión sería dudosa, pero coincido contigo y le dejaremos a Kafka el honor. Un gran saludo.

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    • el 18 agosto, 2017 a las 12:52 am
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      Efectivamente Julio, el cuento de Yzur quedaría fuera por lo que mencionas. Gracias por tus apreciaciones.

      Respuesta

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