La caída de Don Godesteo

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Retornaba a sus dominios Don Godesteo de la Quebrada tras servir en mil batallas a su Rey el Santo, poco recompensado y con un ojo malherido que le impedía ver con claridad más allá de un palmo.

Cabalgando a lomos de su negro y robusto corcel, Tizón, enjaretado con una jironada gualdrapa luciendo los vestigios, por las secuelas de la lucha de los escudos de Castilla y del Señor de los Páramos, su propietario.

Quizá por su disminuida vista o quizá por su cansancio o tal vez ansiado por alcanzar antes del anochecer su morada, el motivo no queda nada claro, en su cabalgadura no percibió que camuflado tras una gran roca del escarpado camino se hallaba un extraño artefacto cuadriforme, ante el cual el bueno de Tizón asustado, y después de un par de relinchos, frenó en seco y dio con los huesos de Godesteo en el suelo.

Por ventura su latonada armadura, aunque abollada por la contienda, salvaguardó al caballero de peores consecuencias. Aún aturdido consiguió ponerse de nuevo en pie, eso sí, dando algún tumbo que otro de un lado para otro. Buscó las riendas de su montura que, esperando se repusiera su jinete, se tomó la licencia del descanso y aprovechó para llenar la tripa con hierbajos y musgos que crecían en el empedrado vericueto.

Fue cuando se percató del motivo del frenazo y batacazo: el endemoniado objeto. En su interior un ser humano le hablaba y mal escribía palabras incompresibles. Le observó, desconfió, desenfundó su espada y comenzó la conversación para resolver el enigma del artefacto:

–¿Quién sois vos reflejado dentro de ese cofre con espejo? ¿No seréis un ser encantado por el hechicero Amondavis?

“Habladme Facebook, por Dios os lo ruego, si en verdad es como os llamáis. Pero os digo que nombre cristiano no me parece sea y menos aún el de un leal vasallo de mi Señor el Rey”.

“Extraño es que indiquéis que os muestre mi perfil ¿No pretenderéis hacer escarnio de mi nariz?”

“Me invitáis a entrar en vuestra fortaleza pero antes me pedís que os revele mi identidad e insistís en tenerme que registrar ¿No os parezco caballero de fiar? Conseguiréis que me ofenda con vuestras burlas y felonías”.

“¡Por el Apóstol Santiago! Os juro que probareis mi espada de acero toledano si continuáis en vuestro empeño de mostrarme esos símbolos ateos que explicación a ellos no encuentro y que solo pueden ser obra del mismísimo Satanás”.

“¡No comprendo lo que decís con esa “a” circundada! ¿Qué lengua habláis? ¿Acaso alguna jerga de los bárbaros del norte?”

“No, no, no me engañáis más ¡os he descubierto! Sois un esbirro del malvado corsario Wikisson. Ahora entiendo vuestro empeño. Con estas patrañas me intentáis mantener distraído para secuestrar a mi dama, la hermosa Doña Flor del Verdeprado”.

“¡Pues tomad como respuesta esta estocada!”

La hoja plateada se hundió en el monitor y el hidalgo caballero se desconectó.

 

Aurelio Lozano Baonza

 

 

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