La hormiga tartamuda que empezó a escribir

1 Minutos de lectura

 

Sentada en el hormiguero al atardecer tuvo una inspiración, pensó en Esopo, el famoso autor de las fábulas, y empezó a escribir esa misma noche. Sus personajes podían ser de otra especie, no era necesario que fueran hormigas, así que se dedicó a observar a los animales de la zona: gusanos, no, demasiado lentos y aburridos; mariposas, su grácil vuelo podía ser adecuado, pero no demasiado original. En realidad podía escribir sobre cualquier cosa, incluso sobre aquellos horribles monstruos de dos piernas que solían aplastar a las hormigas, los hombres. Sí, incluso hablarían y pensarían como las hormigas.

–¡Qué divertido! ¡Como si fueran seres inteligentes!

Efectivamente, comenzó a redactar los cuentos aplicando a los humanos todas las aptitudes de las hormigas. Rizando el rizo, en el colmo de la excentricidad, uno de aquellos monstruos podría mostrar la habilidad necesaria para escribir.

Se pasaba las noches de claro en claro escribiendo. Hasta llegó a imaginar que el tema del relato del monstruo fueran las propias hormigas. Y, en esta confusión de personajes y de planos literarios, sucedió que el escritor enloqueció. Se volvió tan majareta que no sabía si era una hormiga o un ser de dos piernas.

En todo caso el drama de la hormiga era muy grande porque siempre había sido tartamuda y en su mundo eso era especialmente problemático. Para comprenderlo tenemos que recordar que las hormigas hablan un lenguaje parecido al Morse:

– – .. – – (ti-ti-to.to-ti-ti)

El hecho de ser tartamudo es por lo tanto mucho más complicado que entre los humanos. Nosotros, al escuchar a alguien que tartamudea, solo tenemos que armarnos de un poco de paciencia. Al fi-fi-final, le entendemos perfectamente. En el lenguaje de las hormigas, sin embargo, la repetición de los signos altera totalmente el producto:

– – – – ….- – – –   (ti-ti-ti-ti-to.to.to.to-…)

Todo esto sería el resultado del tartamudeo, los significados son absolutamente distintos. Del “quiero comer manzanas” de origen, se ha pasado a “estoy enamorado de ti hasta los huesos”.

Evidentemente, la hormiga tartamuda era una pobre incomprendida. Los demás ni siquiera se daban cuenta de que era tartamuda. Sonaba normal, pero fuera de contexto, lejos de toda lógica. Lo tomaban por loco y le enviaron al manicomio. Por fortuna, allí había otro tartamudo y, por primera vez en su vida, se comprendieron. El otro estaba aprendiendo a escribir y le enseñó también a él. Cuando lograron dominar la escritura explicaron su problema al director del manicomio (por escrito no se tartamudea, aunque algunos escritores nos repitamos mucho, pero esa es otra cuestión).

Una vez explicado todo, les dejaron salir del psiquiátrico. Para que luego digan que escribir no sirve de nada. Y así fue como la hormiga tartamuda empezó a escribir fábulas.

 

Pilar García Carcedo

 

 

Compartir entrada:

Un comentario sobre “La hormiga tartamuda que empezó a escribir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *