Libertad

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Imagina que un día llegan unas personas a tu país, a los que llamaremos colonos, y dicen que todo lo que hay ahí les pertenece. Tú y el resto de habitantes les decís que no, que esto es vuestro. Ellos responden que no, que es suyo. La discusión se alarga. Que si de unos, que si de otros. Así hasta que los ánimos empiezan a caldearse.

Ahora imagina que, por culpa de la llegada de los colonos, ha habido una escalada de violencia que ha terminado en una guerra para ver quién tiene el control de esa tierra. Tu familia ha muerto y a ti te han capturado.

Imagina que ves, medio aturdido, como tu tierra se aleja, como dejas atrás tu historia, tus raíces, tu vida. Como cada vez se hace más pequeño tu hogar, al igual que tu corazón. Corazón que está roto, destrozado, hecho pedazos. No siente nada, no sientes nada.

Imagina, por cuarta vez, que llegas a un lugar diferente, con gente diferente y costumbres diferentes. Las personas de ese sitio te gritan cosas que no entiendes. Quieres llorar, pero recuerdas que ya no sientes nada. Te da igual lo que te digan, te da igual lo que te hagan. Que te lleven de un lado para otro, no tiene importancia. Todo lo importante está perdido, enterrado, quemado, muerto en tu hogar.

Para terminar, imagina que te ponen en un sitio oscuro, como una celda, pero no es una celda, porque tiene una pequeña salida. Ves la luz. Involuntariamente te acercas, pero no ves qué hay al otro lado. Tienes dudas. Oyes ruidos. Parece gente gritando, pero de alegría. Te parece tan lejano ese sonido que ya no lo recordabas: la risa de una niña pequeña. Te recuerda a tu hija. Su imagen parece que despierta algo en tu interior. Pensabas que no sentías emoción alguna. Sales al exterior y te encuentras en un recinto cerrado, con gente mirándote desde una valla encima de ti. Hay unos muebles y un fuego. Se parece a tu hogar. Te sientas en la silla y de repente, vuelves a sentir. Y empiezas a llorar por lo desgraciado que eres. La gente exclama y te señala. Se ríe de ti, te vitorea. Como si fueras un espectáculo.

Ahora deja de imaginar. Realmente eres parte de un espectáculo. Eres la atracción principal de un zoo humano hecho para diversión de los colonos. Ellos te han quitado la libertad. O eso creen todas las personas que te están mirando.

Coges el palo más afilado de los que hay en el fuego. Observas detenidamente la punta y te la clavas en el estómago, hundiéndola hasta el fondo. La gente exclama, algunos gritan y apartan la cara, otros vomitan. Pero tú no, tú ríes, caes al suelo y mueres.

Pero mueres sabiendo que no te han vencido, porque no te han quitado la libertad de decidir. Porque has sido libre para elegir tu futuro, junto a los que perdiste.

 

Sergi Vila de Vicente

 

 

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Un comentario sobre “Libertad

  • el 5 mayo, 2018 a las 12:02 am
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    Descarnado y bien logrado texto. Se puede aplicar a más de una situación, actual o pasada. Nos habla del afán dominador, la gran estupidez del hombre. Gracias.

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