Lunes vomitivo

duende

Tengo un duende anclado al estómago

que juega a hacerme cosquillas

con las uñas largas.

En la noche ha hecho

de mi esófago un tobogán

por el que deslizar sus maldades

de enano atormentado,

y sólo al amanecer,

con la bocanada del sol ardiente,

ha parado de reír

para pasar al ronquido taciturno.

Feliz mi adormecida

e ilusa esperanza

ha celebrado el cesar de sus arañazos

creyendo eterna la paz de mi interior,

mas nada más lejos de la realidad,

pues aún a estas horas de oscuridad

latente

permanece imperturbable

el mordisco tenaz del maldito duende.

Don Cobacho

 

 

 

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