Milena, el último amor de Kafka

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La había visto una sola  vez en un café de Praga, ni siquiera recordaba los rasgos de su cara, tan solo su figura y su vestido moviéndose entre las mesas de la cafetería. Kafka conoció a Milena de un modo casual. Casada con Ernst Pollak, vivía en un matrimonio lleno de innumerables aventuras amorosas por parte de su marido. Su vida fue convirtiéndose poco a poco en un infierno, hasta que las obras de Kafka llegaron a sus manos. Fue entonces cuando decidió traducir sus escritos y justo en ese momento, fue cuando comenzó la correspondencia entre ambos.

Kafka tampoco pasaba por buenos momentos por aquel entonces. Hacía dos años que no escribía nada nuevo, salvo correspondencia. Hacía tres que había roto su matrimonio con Felice Bauer, con la que mantuvo una relación por carta durante cinco años. Tuvo un segundo intento con Julie Wohryzek de contraer matrimonio, pero sería aplazado por el descenso de su escala social y la falta de vivienda de ambos. Aun así, Julie y Kafka seguían prometidos cuando Milena llegó a la vida del escritor.

El crítico alemán Reich-Ranicki, afirma que Kafka se enamoró perdidamente de la joven Milena sin conocerla. El escritor encontró en la correspondencia con la joven, el perfecto sustituto del contacto real. Las cartas comenzaron a ser para él una droga: “Es insensato este deseo inmoderado de cartas. ¿No basta una sola?… Basta, pero pese a ello uno se recuesta cómodamente y absorbe las cartas y ya sólo sabe que no quiere dejar de absorber”.

Ella, comprendía a Kafka como ninguna mujer lo había hecho. Con sus 23 años, Milena estaba a la altura intelectual de Kafka. Tras una numerosa correspondencia la joven deseaba verlo, a pesar de la inseguridad e incapacidad del escritor de tomar decisiones, cedió y fue a Viena donde Milena lo esperaba. Tras ese primer encuentro, llegó el “miedo” a la relación. Kafka escribía: “tu relación conmigo… pertenece toda ella al miedo”: “comprende, Milena, mi edad, mi desgaste y, sobre todo el miedo”; “El miedo crea malentendidos entre nosotros”. Su miedo era complejo de entender, Kafka lo definía así en una de sus cartas a Milena: “entre la felicidad perfecta y tranquila con la mujer que ama, durante el día, y la media hora en la cama, por la noche, media un abismo que es incapaz de superar”.

Después de ese día volvieron a verse algunas veces más, hasta su último encuentro en Gmünd. Un encuentro que quedaría en el recuerdo de Kafka como el final de su romance: “ tan tonto era yo, perfectamente seguro, como si nunca pudiera volver a ocurrirme nada; llegué como el dueño de la casa”. Las siguientes cartas de Kafka no tuvieron respuesta, eso hizo la dependencia del escritor a ellas aún más fuerte. En 1921 las cartas cesaron, al igual que los intentos de ver a Milena. En 1922, Kafka volvió a escribir a Milena algunas cartas más, hasta que muere en 1924.

Es difícil hablar de emociones y de sentimientos, aunque para muchos sea algo fácil y cotidiano, existen esa clase de personas que hallan a través de la palabra escrita la forma de comunicar sus emociones. Kafka era una de esas personas. Milena fue la única mujer que tenía la inteligencia y la sensibilidad para comprenderle, o eso decía el escritor. Lo cierto es, que los caminos de ambos se separaron sin más.

 

 

Alejandra Muñoz

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