Otra llamada

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Está tan cansada que decide despachar al último rápidamente.

—Parece ser que tengo otra llamada. La última por hoy. Hola buenas noches.

―Hola cariño, buenas noches.

― ¿Qué tal? ¿Cómo te llamas?

―Marcos.

―Dime, Marcos, ¿en qué te puede ayudar esta humilde servidora de las fuerzas del más allá?

―Pues estoy muy mal Alexa, muy mal. Por mucho que intento evitarlo mi mujer se aleja de mí. Querría saber qué hacer, si aún me quiere… Ayúdame Alexa cariño.

―Claro que sí, Miguel.

―Marcos

―Eso Marcos, perdona. Vamos a ver.

La vidente saca su mazo de cartas y comienza a repartirlas por la mesa mientras hace todo tipo de muecas misteriosas.

― ¿Estás pensando en ella ahora mismo, verdad?

―Continuamente.

―Aquí me dicen las cartas que tu mujer a veces se siente abandonada por ti, ¿trabajas mucho, Marcos?

―Ya no Alexa, cariño, ya no. Pero puede que en el pasado fuera un problema, sí.

―Eso es. Aun así te digo que te sigue amando, Marcos. Sólo tienes que dejarlo todo por un segundo, mirarle a la cara y decirle cuanto le quieres. Qué harías lo indecible por ella.

Lágrimas al otro lado de la línea telefónica.

―Debo de acercarme a ella entonces y demostrarle cuanto le amo, ¿no es así?

―Eso es, Marcos. Ese es consejo. Las cartas han hablado.

―Gracias, Alexa, cariño.

Dos días después, Alexa es interceptada por su secretaria en los pasillos del estudio de grabación.

―Alexa, ¿recuerdas aquel hombre que llamó diciendo lo de su mujer, que se alejaba y todo eso?

―Sí, el llorón ¿no?

―Si bueno, el llorón. Resulta que se ha suicidado.

― ¿Cómo?

―Que se ha suicidado. No estaba muy bien de la cabeza parece ser. Lo peor es que su mujer lleva muerta casi un año. Accidente de tráfico. Hay dos policías esperándote en el plató para hacerte unas preguntas y el productor y yo estamos intentando tapar la noticia a la prensa, pero me temo que este asunto va a destrozar tu carrera.

Esa misma noche Alexa se acuesta en su cama sintiéndose deshecha. Aquel hombre se había matado por un consejo basado en una mentira. Parece ser que el circo de llamadas ha llegado a su fin, piensa amargada.

De pronto nota algo extraño. El aire se enfría y los ruidos de la noche enmudecen. El corazón le late fuerte en el pecho y una extraña sensación de alarma comienza a darle punzadas en la cabeza. Se incorpora en la cama y frente a ella hay un hombre de pie mirándola fijamente. Alexa se queda petrificada. La sensación más cruenta y atroz de pánico la atenaza.

―Estoy perdido, Alexa. Ayúdame, cariño.

EUGENIO MENGÍBAR

 

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