Payasos

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Idiota, del griego “quien vive en su propio mundo”. Imbécil, también del griego, “el que camina sin báculo”. Convendrán conmigo en que los payasos —aunque solo la excelencia hecha payasa— son los perfectos imbéciles, los ingeniosos idiotas. A priori, el Payaso no tiene una función, ni metafórica ni literalmente: somos nosotros los que decidimos reírnos —o no— con él/la —de él/la—. ¿Libremente?

Representan lo incorrecto, ese sujeto que nadie querría ver tomando el café en el pequeño salón de su casa, haciendo chistes ofensivos sobre la abuela, tirando la taza de café sobre la alfombra y pateando simpáticamente al gato, con esa sonrisa cínica propia de quien no teme al futuro pero huye místicamente del presente.

Y yo propongo, ¿por qué no prohibimos a los payasos? O bien, si esto no les complace, ¿por qué no, ya que les defienden, les dejan responsabilizarse de sus hijos en la escuela? Una maestra que payasea con nocturnidad, ¿qué les suscita?

No, el Payaso o Payasa, aunque infantil, es un preciso mecanismo inserto en un juego de adultos; porque en ese gag continuo, en ese chiste que se agota en sí mismo y se repite, en esa bocina, en esos malabares, reside el culmen de la racionalidad, señoras y señores. Si alguien cae, no será menos que una pequeña tragedia; si el Payaso cae, cae estrepitosamente quiera o no, y se convierte, quiera o no, en una farsa de caída.

El Payaso es la carcajada inteligente del Caos frente a la recia lógica ingeniera, horizontal —de horizonte— y limítrofe —de atrofia—. Por eso los bebés dejan de llorar cuando el Payaso llora más y mejor que ellos. No hay respuesta, solo ácrata indiferencia.

El Payaso, reivindico, no es una persona. Es una idea, que nos oculta sus miedos y privacidades y deseos y fetiches, y abre al mundo una ventana universal por donde arrojarnos, con nuestras mejores ropas, en fila de a uno. Y gustamos de obedecerle, porque ponerle en cuestión sería preguntarle a un imbécil, esto es, parecernos al imbécil. Nos sobreponemos a un duelo bufonesco… obedeciendo al Payaso.

Por eso el Payaso es el reducto de Poder más serio en este mundo regido por mentes débiles.

Post Scriptum: Incluso la propia palabra, “payaso”, ejerce una poderosa confusión en mi cabeza si la repito muchas veces. Payaso, pa-ya-so, paiaso…

 

Dedicado a Calvin Klown, artista del desconcierto.

 

PABLO ALIAS

 

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