Sansón y Dalila

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Sansón y Dalila: ni siquiera Dios podría salvarnos de las limitaciones de esta ópera.

Una historia sobre traiciones y necesidades insatisfechas, desde una perspectiva romántica, religiosa y musical.

La ópera Sansón y Dalila se estrenó el viernes, 20 de enero de 2017 a las 8:00 p.m. en Margot and Bill Winspear Opera House, localizada en el Centro de Artes Escénicas AT&T, ubicado en 2403 Flora Street, Dallas, Texas, 75201. La ópera, en tres actos, fue creada por el compositor romántico francés Camille Saint-Saëns, y regresaba a Dallas por vez tercera, después de presentaciones previas en 1964 y 1971. La presentación contó con Olga Borodina como Dalila y con Clifton Forbis como Sansón, con la conducción de Emmanuel Villaume.

Las óperas basadas en pasajes bíblicos eran consideradas tabúes en la Francia del siglo XIX, por lo que Sansón y Dalila se estrenó en Alemania, volviéndose relativamente popular desde entonces.

La trama describe la turbulenta relación sentimental entre la pareja más conocida del Antiguo Testamento: Sansón, un judío, y Dalila, una filistea. El tipo de amor que éstos se profesan no se asemeja al encarnado por Romeo y Julieta, aun siendo miembros de castas enemigas que entablan una relación amorosa –un tema recurrente desde la aparición de los Montecchi y Cappelletti en el Canto VI del Purgatorio–.

La ópera no pudo mantener todas las expectativas que anunció durante la introducción, la cual comenzó la función con tal intensidad y pasión, que resultó imposible mantener dicho ritmo durante el resto de la presentación, afectando la continuidad y consistencia de la ópera. La ópera no alcanza, en su totalidad, la genialidad de otras composiciones de Saint-Saëns, como por ejemplo Danse Macabre.

Como describíamos anteriormente, la ópera no se recupera después de su enfática e inspiradora obertura. Sin embargo, cuenta con ciertas melodías loables, como un bacchanale, y un par de arias encomiables, entre las que resalta Mon cœur s’ouvre à ta voix (Suavemente despiertas mi corazón), siendo particularmente atractiva para la audiencia.

Hacia la resolución de la ópera, y particularmente durante el final del tercer acto, la mayoría de las escenas están repletas de melodías recurrentes, casi recursivas, como si Saint-Saëns hubiese despedido su inspiración en ese momento. Durante dichas escenas, encontramos más danza que canto, y la ópera se transforma en una sinfonía, lo cual disminuye la carga dramática hacia la cual apuntaba la trama.

Por el contrario, la escenografía y los efectos visuales se manejaron magistralmente. El clímax de la ópera, la caída del templo, fue capaz de provocar reacciones genuinas en la audiencia. Además, el tercer acto presentó algunas escenas en las cuales Sansón canta mientras el resto del elenco se queda inmóvil, convirtiendo a Sansón en el foco de atención. Esta técnica no sólo fue acertada, ya que solidificó la idea central de la ópera, sino que constituyó un absoluto éxito visual. La mayoría de dichas escenas fueron ejecutadas tan perfectamente que se asemejaron a pinturas renacentistas: un verdadero logro fotográfico y un trabajo impresionante de la coreógrafa Nycole Ray, la maquillista Dawn Rivard, la diseñadora de vestuario Carrie Robbins y el escenógrafo Peter Dean Beck.

A pesar de que la ópera fue escrita originalmente en francés por Ferdinand Lemaire, por haber sido presentada a un público estadounidense, contó con subtítulos en inglés. Tales subtítulos capitalizaron cualquier referencia divina, fuese a través de sustantivos o pronombres personales; convirtiendo a Dios en el gran protagonista, aunque oculto, de la historia. Sin embargo, esta ópera no es realmente sobre Sansón, Dagón, el poder del amor o siquiera Dios, sino sobre Dalila, una mujer a su vez persuasiva y pragmática.

Las heroicidades de Sansón se omiten en la ópera. La trama esboza cómo sólo la seducción femenina puede domesticar la extraordinaria fuerza masculina, como aconteció en las historias de Sansón y Hércules.

 

Raúl Quintana Selleras

 

 

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