Solenoide, un libro para escritores

4 Minutos de lectura

Solenoide

Mircea Cărtărescu

Editorial Impedimenta.

794 páginas.

Traducción de Marian Ochoa de Eribe.

 

 

Conocía y seguía al autor de quien ya había leído cuatro libros. Unos mejores que otros. El mejor hasta la lectura de este, fue sin duda «Nostalgia», un libro de relatos largos.

Es un escritor que me atrae por su estilo muy personal y por su audacia. Uno de esos que muestran puertas y caminos a otros escritores. Además tiene un sentido del humor que reconozco muy cercano.

Ya son numerosas las reseñas que se han publicado sobre «Solenoide» y todas coinciden en que se trata de «alta literatura».

«Solenoide» es un libro que ha sido anunciado y presentado con mucha pompa.

Este es uno de los comentarios de la presentación:

‘Tras leer Solenoide, en cierto modo tu vida se corta en dos, dejas de ser un lector común, como al leer a Homero, Kant o Heidegger.’ (Gabriel Liiceanu) Considerada por la crítica la obra más madura de Mircea Cărtărescu hasta el momento, Solenoide es una novela monumental, deslumbrante, en la que resuenan ecos de Pynchon, Rilke, Borges y Kafka.

El leer semejante autobombo pirotécnico produjo en mí un efecto contrario al deseado: no me gusta que me digan que voy a ingresar en el selecto club de los lectores elegidos porque me dispongo a leer un libro «fetén».

Puedo contar con los dedos de una mano las novelas que realmente me han hecho cambiar como lector.

Por lo tanto, comencé la lectura con ciertas reservas.

Al igual que en otros libros que son escritos con la consciencia de «gran empresa» u «obra monumental» por parte del autor, me parece que cae en los mismos excesos: el querer meterlo TODO. Absolutamente TODO.

Pienso en «Ulysses» de Joyce, en «La vida, instrucciones de uso» de Perec, y en «2666» o «Los detectives salvajes» de Bolaño. Son todas ellas obras muy extensas en las que los autores han intentado darlo todo sabiendo que tenían mucho que dar y sin importarles lo más mínimo meter páginas densas y prescindibles, ya que no se trata de dar una novela más al mundo sino de darlo «todo», incluido lo prescindible.

En estos casos, y «Solenoide» es uno más, uno tiene que aceptar los términos del contrato: «El que quiera grano tendrá que comer paja» o dicho de otra forma: hay pepitas de oro escondidas en la obra pero para encontrarlas el lector tendrá que trabajar duro, hay que cribar mucha tierra. ¡No pretenderá que le salga gratis!

Si uno acepta los términos del trato no saldrá decepcionado. Encontrará alta literatura, encontrará formas nuevas de decir las cosas y píldoras de humor y de poesía escondidas en la prosa.

Es un libro diferente, que cambia con la mirada de cada lector pero probablemente es también un libro diferente para el mismo lector si este decide releerlo con pocos años de diferencia.

No hay contención. Algunas páginas son como esas cajas «sorpresa» que uno abre y salen disparadas en todas direcciones decenas de cintas de colores (literarias) y serpentinas (metafóricas).

Uno no lee este libro para «pasar el rato». Para eso hay muchos otros libros (demasiados).

Uno lo lee para medirse con él, como quien corre una maratón. No me creo que nadie disfrute corriendo cuarenta y dos kilómetros aunque el resultado le produzca muchas satisfacciones personales. Uno lo lee para estudiarse a sí mismo y observar todas las pequeñas sensaciones que van surgiendo durante todo ese recorrido que Cărtărescu nos propone como guía.

Se podría etiquetar este libro dentro de lo que se da en llamar «literatura del yo», tan de moda en la última década, ya que Cărtărescu es el sosia del protagonista o al revés. Una biografía real o impostada, poco importa, de un escritor fracasado metido a profesor de rumano en un instituto.

Si hay algún derecho que le queda intacto a los escritores es el de poder reinventarse, el de poder mutar en la versión de uno mismo que se decide exhibir. Igual que en esta novela, el lector comprometido tiene el derecho y casi el deber de convertirse en un escritor frustrado metido a profesor de rumano en un instituto durante el tiempo que dura la lectura.

En la tercera o cuarta página, el narrador ―por supuesto el tratamiento es de forma íntegra en primera persona― se marca una larga parrafada hablando de su ombligo. En realidad es el libro entero el que habla del ombligo del autor/protagonista, pero lo hace desde muchos puntos de vista: un análisis casi psicoanalítico de la infancia, un tremendo esfuerzo de memoria para recuperar sensaciones de una sutileza infinitesimal que hemos olvidado todos desde hace décadas pero que vamos a reconocer porque son universales, la indescriptible precisión de los sueños…

Leyendo este libro uno llega a intuir verdades que sabe que existen, como la cuarta dimensión, pero sabiendo que nuestro cerebro no tiene las herramientas necesarias para una comprensión plena y que por lo tanto, igual que de la cuarta dimensión, solo podemos entrever algunas proyecciones en tres dimensiones.

No os dejéis engañar por la historia del solenoide que pretende presentar que hay una trama. Si la hay, no tiene ninguna importancia. El solenoide no es más que una excusa para plantear preguntas y mostrarnos la multiplicidad de las posibilidades de salidas.

Esta es una «novela-río» y pondría la mano en el fuego y aseguraría que el autor no tenía ni idea de dónde iba a llevarle ese viaje cuando lo emprendió. Que ha ido improvisando de una manera exitosa y magistral porque probablemente «él lo vale».

Durante toda la lectura me ha acompañado la sensación de que Cărtărescu ―o el narrador, hemos quedado en que poco importa― estuviese en el centro del paraninfo de una escuela de medicina, acostado desnudo sobre una mesa de autopsias y que con una mano sostuviese una lámpara que arrojase sobre su cuerpo una luz cenicienta y con la otra se practicase incisiones muy precisas y fuese sacando de su interior tajadas de los diferentes órganos y los muestra a la audiencia con todo tipo de explicaciones, y sigue con los humores, con los huesos, con órganos enfermos o putrefactos o atrofiados, pero también con insectos prehistóricos, con arañas, con fotografías antiguas, con fragmentos de objetos misteriosos y con fetos momificados de sí mismo.

Uno se puede llegar a sentir abrumado de semejante derroche de imaginación y que Cărtărescu sea capaz de mantenerlo con la misma intensidad durante casi 800 páginas.

Tal vez, las claves de la lectura y del estilo nos las da el propio Cărtărescu al principio del capítulo 45, casi al final del libro:

«La ambigüedad esencial de mi escritura. Su locura irreductible.

»He estado en un mundo que no puede ser descrito ni, sobre todo, comprendido ―en la medida en que pueda ser abarcado de verdad― si no es a través de una escritura diferente. Pues una cosa es la revelación, y otra, el proceso tortuoso de ingeniería invertida que supone la verdadera comprensión».

Por cierto, si llegas hasta este capítulo (45), es una deslumbrante versión del Nuevo Testamento: a leer con especial atención.

De hecho, Cărtărescu parece moverse con la misma soltura en el ámbito del realismo que cuando se sumerge en lo intuitivo, en lo onírico.

Finalmente para ti, que estás pensando si leerte o no semejante tocho, he aquí tres claves que te deberían ayudar a decidir:

  1. Hay que ser un lector muy maduro y experto para disfrutar de este libro.
  2. Hay que tener mucho tiempo y poder disponer de él en estado de máxima concentración.
  3. Hay que aceptar que las cosas no se las dan mascadas al lector.

Si cumples con estas tres condiciones, «Solenoide» no te va a defraudar: es una grandísima obra.

Si no cumples con alguna de ellas ―una sola―, ni lo intentes. Hazme caso. No la acabarás o será un suplicio.

Por último, si eres escritor tienes que leerla.

Aprenderás que hay otros caminos y que tú nunca serás capaz de acercarte a ellos ni de lejos.

Pero no porque sean mejores que los tuyos ―que posiblemente lo sean― sino porque son sus caminos y nunca podrían ser los tuyos.

 

Antonio Tocornal

Compartir entrada:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *