Sueños

Dormir relatos sin contrato

Nunca he podido dormir por las noches con el televisor encendido.

 

Los resplandores violáceos que se reflejan por todo el dormitorio y las voces de fondo de los personajes hacen que inconscientemente quiera seguir el hilo del programa y que mis nervios, lejos de relajarse, se crispen.

La mierda.

Nunca pude conciliar el sueño con el televisor encendido.

Sin embargo, como ya sabrán, la mujer siempre manda en la cama.

Después de varios intentos de negociación con mi mujer, llegamos a un acuerdo: si quería seguir durmiendo en mi cama tenía que aceptar sus reglas, en fin, con la tele encendida. Sin opción a reclamación, ni queja alguna por escrito, tuve que joderme y
acostumbrarme a dormir con la dichosa pantalla en funcionamiento.

Los primeros días, como antes les he comentado, me era prácticamente imposible conciliar el sueño con tanto escándalo de ruido y luces; pero al poco tiempo, mi frágil mente se fue habituando a aquel atentado contra el descanso.

Quien me iba a decir a mí que aquella practica me llevaría a descubrir nuevas experiencias.

De las mejores que he tenido en la vida.

Empecé a notar que, inconscientemente, noche tras noche soñaba con aquello último que había visto en la televisión. Los sueños que tenía eran algo así como continuaciones de los programas o películas que había visto justo antes de dormir, y que podía controlar a mi antojo.

Imagínense soñar con ser un bailongo que puede llevarse la chica que le dé la gana de la discoteca con tan solo un movimiento de cadera después de ver Fiebre del sábado noche. O con tener superpoderes y ser el dueño de la ciudad como Spiderman. Con controlar el tiempo a tu antojo como en Regreso al futuro; viajar al caribe y disfrutar de sus playas paradisiacas después de ver un programa de Callejeros viajeros, o colarse en un banco y dejarle la caja fuerte como el frigorífico de un parado con el anillo invisible de Frodo.

Todos estos sueños, estas experiencias, aunque nunca llegasen a ocurrir en la realidad, han quedado en mi recuerdo grabados a fuego ya que de alguna manera, las he disfrutado en primera persona.

Noche tras noche organizo una nueva aventura estudiando con detenimiento la cartela de televisión.

Y esto mola que te cagas.

Sin embargo, no todos los días son fiesta, y esta noche he tenido la peor pesadilla de mi vida.

Esta madrugada he sido víctima de un acoso inhumano.

Me he visto rodeado de personas que parecían haber perdido la cordura y que no paraban de soltar gritos a diestro y siniestro. Chillaban, y lo hacían escandalosamente sobre asuntos nada agradables. Lo peor de todo esto es que esos gritos no tenían ni pie ni cabeza, lo único que podía adivinarse es que tenían la clara intención de destrozarse los unos a los otros. Me encontraba en medio de una batalla sin cuartel, de un todos contra todos, en el que todas aquellas almas atormentadas luchaban por quedar encima del que tenía enfrente a toda costa.

Sí señor.

Esta noche me he visto envuelto en el caos más absoluto sin saber si quiera cómo había llegado hasta  ese infierno, en el que descuartizar al prójimo, verlo hundido o humillado eran los únicos objetivos que tenían estos extraños personajes, que en algunos casos presentaban las peores de las deformaciones, como pelucas enmarañadas, rostros famélicos o narices asimétricas.

En fin.

Como ya sabrán, la mujer siempre manda en la cama.

 

Esta noche me venció el sueño mientras mi mujer veía Sálvame Deluxe en el televisor.

DANIEL FOPIANI

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