Tíndalos

perro

 

 

Me crucé con un perro abandonado. Me miró fijamente mientras pasaba a mi lado y, sin quitarme la vista de encima, me dijo “buenos días” en un perfecto castellano. Fui víctima del pánico y salí corriendo, tan rápido como pude, escapando de aquella terrorífica visión. Huí calle abajo, río arriba, bosque adentro y me escondí en una cueva con el corazón latiendo a tres por cuatro. Apoyé la mano en la pared, tratando de recobrar el aliento. Y oí el sonido de una respiración a mi espalda.

El perro me había seguido. Estaba allí, moviendo el rabo con gesto amigable, queriendo jugar tal vez. Era inofensivo. Viéndolo ahora, tan simpático y juguetón, brincando con las patas delanteras invitándome a participar de su alegría, me sentí idiota por haberme asustado tanto sin motivo alguno.

Me dejé caer con la pared apoyada en la espalda y solté todo al aire, relajándome, maravillado ahora por lo insólito de lo que había sucedido, pensando en las connotaciones.

-¡Guau!- exclamé.

Y el perro huyó despavorido.

 

ISRAEL ALONSO

 

 

 

microrrelato, tíndalo, perro, guau, cuento, relato

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