Una ciudad en la que nunca llueve

Eduardo Flores

Autor: Eduardo Flores

Género: Narrativa

Nº de páginas: 256

Encuadernación: Brillo con solapas.

Año: 2013


Un escritor en horas bajas trata de salir adelante en mitad del caos en que se ha convertido
su vida. Feroces devoradoras de hombres, ELLA y una extraña e íntima conspiración,
de la que participa incluso una ilustre fantasmagoría, harán que no le resulte nada fácil.
Así podría resumirse el argumento de Una ciudad en la que nunca llueve. Pero dicho resumen
no deja ver lo más mínimo la complejidad de los personajes que, de alguna forma,
acompañan a nuestro protagonista por un camino marcado de obstáculos que, según se
mire, podrían considerarse en una misma medida, trágicos o cómicos. Elpintorquelovendetodoyencontroelamor y Elfilósofovivalavirgen, caricaturizados estereotipos de la sociedad intelectual, son los más cercanos amigos que más que ayudar, se suman a la lista de adversidades que nuestro escritor asume dentro de una imaginaria conspiración que llama íntima. Dentro de esta misma conspiración también se encuentran la serie de mujeres –una vez más personajes llevados a personalidades extremas: Ladevorahombresdezapatosdetacón, Lamenordeveinticinco, Laprofesora– que se cruzan en su camino. De entre todas estas mujeres está ELLA, así, todo en mayúsculas, una idealización femenina.

Pero queda un camino que lleve a este patético novelista a la salvación. Después de años de trabajar como escritor en la sombra, de negro, para una gran editorial en la que su propio y odiado hermano, Eleditor, trabaja, recibe el encargo de Elpintor –quien consiguió en el pasado que se hiciera un nombre en el panorama literario– de escribir una novela propia con la que quizá podría encauzar su desastrada existencia. La senda de la esperanza está abierta pese a que nuestro protagonista se resista a descubrirla y pese a los esfuerzos de su hijo preadolescente, Mipequeñoespermatozoidebiencrecidito, que aparece de forma puntual en la historia y quien trata de manera más directa poner cordura en el desenfreno de su padre.
Durante el desarrollo del argumento las referencias literarias son constantes, pero sutiles la mayoría de ellas, tanto, que en una lectura rápida podrían pasar desapercibidas. Encabezando a éstas encontramos a la más evidente de ellas, una licencia en la narrativa que permite la aparición de una figura siniestra y fantasmagórica de ilustre nombre literario, alguien que regresa del mundo de los muertos con la inverosímil misión de ser, simplemente, amigo de nuestro desafortunado escritor. El lector aceptará la presencia del fantasma prácticamente desde su primera aparición, y ya en ningún momento podrá dejar de pensar en él y en los
misterios que envuelven los motivos de su presencia, a la vez que encontrará divertidas las ridículas situaciones que su extravagante figura genera.
Pero también están presentes en la novela las referencias al cine y a la música. De hecho la historia comienza en la entrada de un cine y es en este momento, en que el protagonista busca con cierta desesperación un escondite del mundo en el que vive, donde se manifiesta su insano pensamiento crítico al tratar de decantarse por la sala en la que entrar, sin conseguir decidir qué película podría ser buena. La música siempre aparece de forma circunstancial y en momentos que podríamos considerar clave en el desarrollo de los conflictos abiertos. Temas concretos que de pronto pueden salir por la ventanilla de un coche o que suenan en el bar donde casualmente se encuentra tomando una copa de su marca de whiskey preferida.
Los líos de faldas de nuestro protagonista se complican cuando Elgordocornudo aparece en escena. El despechado marido de Ladevorahombres, un rico abogado de una prestigiosa firma, anda suelto y enloquecido tras la búsqueda del causante del fin de su matrimonio.
Las trágicas consecuencias del adulterio persiguen al protagonista desde el principio de la historia y no parece existir solución alguna que pueda evitarlas.
Una ciudad en la que nunca llueve es, en definitiva, una tragicomedia en la que los temas de siempre, como el amor, el sexo y las obsesiones, pondrán a prueba el sentido del humor y la tristeza del lector. Una ciudad en la que nunca llueve es un lugar en el que se dan las pasiones más desmedidas y donde el desencanto se manifiesta a partir de las más ridículas situaciones; un sitio peculiar, ácido y sin fronteras, en el que se confunden los más comunes sentimientos. Una ciudad en la que el lector no podrá evitar vivir.

 

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